Cinco segundos en Trípoli

Primera hora de la mañana y suena el teléfono fijo que tengo sobre la mesita de noche. Ese teléfono suena poco. Si suena mientras duermo significa que en dos horas vuelo a un lugar que todavía desconozco. «Good morning Miss Yasmina, this is crew scheduling. You are going to Malta, as you know making a quick stop in Larnaca first. Ah! By the way, on the way back you will be operating on the first flight to Lybia since the civil war started. » «Ok, thank you.» Cuelgo porque en este tipo de llamadas no hay nada más que hablar y me estiro. Pienso. «Genial, ¿eso significa que voy a estar un ratito en Trípoli?».

Cuando perteneces al mundo

Cuando por circunstancias personales o profesionales perteneces al mundo, normalizas que el sistema que decide dónde vas a estar te envíe a lugares donde pocxs quieren ir. Es más, aprovecho este plan al margen de mi voluntad como el privilegio de situarme casi tocando una realidad de la que una joven española podría leer y ver al respecto, pero que no me pertenece. No debería ir allí. Y, sin embargo, a mí me interesó la idea.

Libia había tenido su propia revolución en febrero de 2011. Llevaba violentamente fracturada en dos visiones diferentes de usar el país y la vida de sus ciudadanxs: lxs leales a Gaddafi versus lxs que no. Diálogo para qué te quiero. Asesinado el jefe meses después. Se están matando entre ellxs, desde entonces.

Desconozco la razón exacta, pero parece ser que la guerra civil en este país del Norte de África ha dado un descanso, el país se ha dado una oportunidad para la normalidad, ventilar y vivir, y el aeropuerto de Trípoli acoge vuelos internacionales. Y por Trípoli pasaré.

Cinco segundos en Trípoli
Sí que hubieron fotos, flores y sonrisas. Pero desconozco dónde estarán ahora.

Llegando al shithole

Ya sentada y asegurada de cara al aterrizaje, lo único que hago es observar por la ventana del avión. Estoy llegando paralela a un horizonte de arena y matojos y ese filtro de polvo hostil propio de la nada. Lxs anglosajonxs tienen un término de mal gusto para calificar en que se acaban convirtiendo las zonas de conflicto: estoy llegando a Trípoli, a una ciudad camino de ser un shithole. Un agujero de mierda.

Conforme el avión se va aproximando, la nada donde nada se ve se convierte en una pista de aterrizaje apta pero deteriorada. El escenario está decorado con una puesta en escena de vehículos y agentes con rifles de escolta al recién llegado. No sé quién manda, creo que son milicias que visten, calzan y posan de manera militar. Relajados, vigilantes y garantes de que Trípoli vive y es normal.

En las siguientes dos horas y media recuerdo que tengo que hacer mi trabajo, pero también quiero conocer qué sucede cuando una ciudad aislada en su autodestrucción recibe una visita como la nuestra. Plantan las escaleras, se abren las puertas del Boeing 777 y aparece el personal de tierra de facto. Una mujer y dos hombres. Los hombres se comportan como si nada, pero ella no sigue un esquema de comportamiento rutinario.

De tez morena y unos cuarenta años, se ha recogido su media melena negra con un coletero de colores y viste de la manera más oficiosa que ha podido. La mujer libia se nos presenta con la enorme sonrisa del ¡por fin!, nos ofrece un ramo de flores y un «Welcome to Trípoli». Hay una cámara que nos hace fotos. Nos abraza. No para de moverse ligera de un lado a otro del avión sonriendo. Así es como se debe sentir la vuelta a la vida.

Five, four, three, two, one. Tripoli checked

El alboroto de este especial desembarque cesa, están limpiando la cabina y me asomo a la puerta más cercana a la cabina de lxs pilotos. Todavía quedan dos miembros de la milicia con rifle a los pies de la escalera. Alguien me agarra del antebrazo. Es el First Officer, el compi del Captain. «C’mon, we cannot miss the chance to do some sightseeing in Tripoli. Yallah».

Bajamxs las escaleras hasta situarnos entre los dos milicianos libios con rifle. Deben pensar que adónde van estos dos pinceles. Uno frente al otro, pies oficialmente en suelo libio. El FO abre su palma de la mano derecha y va bajando dedos conforme avanza su propia cuenta atrás: «five, four, three, two, one. Tripoli, checked. Let’s go back upstairs». No puedo evitar reírme en corto de esta simplona sátira a la miseria de una guerra civil, al desinterés que causa una ciudad por haber accedido a autoaniquilarse. Miro a mi alrededor antes de subir y, de verdad, el ambiente se siente como el reposo después del desvarío de agitar muy fuerte.

Embarcan pasajerxs con cara agotada, desinflándose poco a poco en el asiento. Cerramos puertas, aseguramos cabina y salimos de allí. Y este ha sido el viaje más corto de mi vida. Cinco segundos en suelo tripolitano. ¿Puedo contarlo como viaje, no? Ya que he ganado una lección: haber celebrado las dos horas y media de paz y ligereza de la mujer libia.

En 2014 se abre una segunda guerra civil e incluso el mismo aeropuerto es dañado en la que se denomina la Batalla del Aeropuerto de Trípoli en julio de 2014. En el país acogen el suceso como un shock. El aeropuerto de Trípoli era intocable dado que, de forma intermitente, representaba la vida y la normalidad para, entre otrxs muchxs, la mujer libia con el coletero de la alegría. Creo que, a día de hoy, siguen con su candidatura a eterno shithole .

[No te vayas, sigue conmigo]

6 valores que mi mejor amiga ha aprendido viajando sola

Existen dos líneas. El transcurso de la vida y cómo va reaccionando tu persona. Mi mejor amiga paró para tomarse pulso en un punto en el que el transcurso de la vida parecía a simple vista excelente, pero su persona y su feminidad habían sufrido un desgaste también de nota. Por los motivos que sean, este aspecto no es el eje del post. La cuestión es que se automedicó de la mejor manera: montando una bag pack concienzudamente impecable y viajando sola. Ya lleva cuatro meses.

«¡Qué vida te pegas!», «viajar sola es peligroso para una mujer» o «estar unos meses de viaje puede afectar negativamente a tu carrera profesional» son la voz del pueblo ante este tipo de iniciativas. Con este post pretendo barrer en zigzag los juicios verbales erróneos sobre viajar sola durante unos meses y animar a otras a hacerlo. Ahí van los seis valores (se podrían contar más) que mi mejor amiga ha aprendido viajando sola.

1. Presentarse a sí misma

Por primera vez en su vida, se ha presentado a sí misma. Este es uno de retos personales más temibles que se puede plantear alguien. Abandonó la protección de su hábitat europeo y la certeza de contar con una lista de rasgos que la caracterizan como mujer (un porcentaje de la cual viene descrito por la gente que la rodean).

Planteó un lienzo en blanco que ella y sólo ella ha tenido que pintar con momentos perdición y otros de claridad. Pero a su regreso, no habrá hueco para la duda, ya que se está conociendo de verdad a sí misma y en primera persona.

La mayoría de mujeres deja este mundo sin realizar este duro pero inteligente ejercicio: tomarse un tiempo para un escaneo personal, acompañarse de la absoluta soledad y aceptarse tal y como una es. Y nadie más influye en este proceso.

Mi mejor amiga en una de sus aventuras viajando sola
«Si no te gusta dónde estás, muévete ¡No eres un árbol!». Leído por ahí y aplicable al caso.

2. Optar por la simplicidad

A pesar de que no he visto una mochila (bag pack) más completa y organizada que la suya en mi vida, mi mejor amiga optó por llevarse consigo el mínimo indispensable y confeccionar un presupuesto estricto por día.

Además, está viajando a lugares donde no reinan la superabundancia y los black fridays, sino todo lo contrario: allá donde hay poco, pero no echas de menos nada.  La belleza de un nuevo entorno, amabilidad, aprendizaje, sonrisas, buena comida y cama no faltan. Y, eso es todo. Y, se es feliz.

Ya lo he comentado en otras ocasiones, pero no me cansaré de repetirlo: optar por el minimalismo es una de las mejores tácticas de vida.

3. Actitud resolutiva

No le ha quedado otra. Si se te empapa la mochila de chinches, o planteas una solución o las llevarás tras de ti por el resto de tus días y te picará hasta el iris. Una comida mal encajada, y sólo te queda apañártelas con algo de ayuda médica, una bebida isotónica y  la canción de Piel Canela de Bobby Capó: …y tú y tú y tú y solamente tú.

En un viaje de largo periodo y alejada totalmente del concepto resort, los problemas y las decisiones a tomar también afloran. Y en un principio, tienes que contar con que nadie te va a ayudar. Estos ejemplos le han sucedido a ella y son ligeros, pero prueba a perder el pasaporte o a ser robada en un lugar remoto que no esté cerca de una metrópoli.

A su regreso serán anécdotas que contar a amigos y familia, pero una mujer debe poner la máquina de alta resolución para pasar alguna que otra complicación inesperada.

4. Flexibilidad, adaptación y tendencia a adorar la diversidad

Una vez se alejó de la popular «zona de confort», uno de los primeros signos de evolución que mi mejor amiga me ha mostrado es ser más flexible que el bambú.

Ir saltando cada semana de sociedad en sociedad y entre diferentes climatologías y geografías ha puesto a prueba su capacidad de adaptación en un tiempo récord. Esta poco generalizada cualidad sólo se alcanza si tienes la mente abierta, reseteada y crees firmemente que la más grande maravilla del mundo es la diversidad. Sólo le queda aprovechar y aprender todo el tiempo de la virtuosa diversidad, ya que la curiosidad humilde hacia todo lo que sea diferente le va a acompañar toda la vida.

La impecable organización de mi amiga viajando sola
Prueba de que la bag pack de mi mejor amiga era impecable en lo que organización se refiere.

5. Descubrir que el mundo es seguro

La televisión y la sociedad patriarcal tienen la culpa de que se asocie viajar sola con situación de peligro inminente.

Mi mejor amiga estaba nerviosa los días previos al despegue como mera reacción del organismo hacia lo desconocido. Y posiblemente también estaba aquejada de intranquilidad como consecuencia de los miedos inyectados desde que era niña.

Hablamos constantemente, y todavía no he oído «me siento insegura en este u otro lugar». El día a día del mundo es más seguro de lo que nos cuentan y una mujer sin miedo es un gran fichaje.

Aún así, es conveniente jugar a las superheroínas después de leer lo que tiene que decir el Ministerio de Asuntos Exteriores español  con respecto a los países de destino.

6. Dar a cada cosa la importancia que tiene

He dejado la mejor para el final. Este número seis considero que es resultado de aplicar los cinco valores que menciono arriba.

Ni más ni menos. Darle a cada hecho que acontece la importancia y despacho de energía que realmente se merece ha hecho que mi mejor amiga se libre de la primera causa de estrés en la mujer del Primer Mundo.

Se ha alejado de la perspectiva Occidental por antonomasia de complicar situaciones que a priori son simples. En un solo check-in abandonó la categoría de «gata dramática».  Y sinceramente deseo que sea uno de sus valores más perennes.

Este post viene directamente influenciado por el amor que le tengo a mi hermana de alma. Sin embargo, nadie me podrá jamás discutir que, viajando sola, mi mejor amiga va a volver a casa con atractivos dividendos. Eso sí, echa de menos Valencia desde el día número 15. De eso no la culpo.

Gracias por la lectura. ¡Te invito a continuar!

 

 

 

 

 

Viajar a Cuba: el arroz a la cubana es comida de putas y otras historias

Viajar a Cuba: la crónica

 

 

Viajar a Cuba ha sido la suerte de mi vida. Creo que resolví el gran misterio. Después de 13 días al trote del «colectivo» (vehículo compartido) por la mitad oeste de Cuba, nos encontrábamos dónde empezamos. Sentadas en el Café Lamparilla en la Habana Vieja, ya no pude más. Le pregunté al músico que ameniza los cafés si el arroz a la cubana salió de Cuba o alguien pobre en España lo inventó, como toda buena comida. «¡Claro que sí, mi niña! El arroz a la cubana es comida de putas. Rápida, rica y nunca falla. Jajája (risa gorda)».

Viajar a Cuba: buzón de Correos en La Habana
Me quedo con esta combinación de colores de los miles que vi en Cuba

Así es Cuba: ácida, caliente, con una respuesta a todo. También es humilde, digna, preciosa, artista, empezando a descongelarse en el tiempo.

A Cuba se la trata bien y se la respeta. Y no se la debe visitar con cualquiera. Cuba sabe cuándo has elegido el momento de tu vida y la persona correctos para atreverte a pasar. Al menos así me pasó a mí: marzo del 2017 con mi amiga del alma.

Viajar a Cuba: el mejor look de la Habana Vieja
Uno de los mejores looks de la Habana Vieja fue el de esta señora que trabaja en la limpieza, pero me concedió un poco de su tiempo para que le hiciera esta foto y le diera el diploma verbal

Esta es mi crónica. Como siempre, dejo lo esencial para Lonely Planet.

La Habana: capital de la resiliencia

Nos alojamos en Centro Habana, pasando la entrada del «barrio chino». Esta fue la primera cara de Cuba que vimos: escombros, puertas abiertas, casas de estilo colonial que vieron mejor época en el pasado y la gente en la calle hablando de poco dinero y riendo de lucha cuotidiana o sentada en el portal contemplando la vida. El humo de los Cadillac, Buick, Ford de los años 50 te raspaba la fosas nasales y los ojos pedían que los frotaras duro..Otra dimensión. Amor a primera vista. Verdad.

Viajar a Cuba: entrada del barrio chino
El «barrio chino» de Cuba es el único barrio chino del mundo que no tiene ni un chino en sus calles

Desde el minuto uno ya lo sentimos. La Habana es una de las capitales mundiales de la resiliencia.

Pagamos por el típico tour en descapotable rosa (genial) que nos terminó por mostrar el malecón de cabo a rabo. El Hotel Nacional es un emblema. Estados Unidos lo construyó a principios del siglo XX y a Estados Unidos se le negaría la entrada después. Este hecho me alegró. De no haber sido así, el hotel se hubiera convertido en base de la mafia, farra y vicio norteamericano capitalista. Al igual que el resto de la isla.

Viajar a Cuba: raza
Exposición en la Fábrica de Arte Cubano. Es un análisis demográfico a partir del porcentaje de melanina en la piel. Pura mezcla española, africana, aborigen y un poco asiática.

Cuba tiene que estar muy orgullosa de haberle dado un portazo a Estados Unidos.

Y es al entrar a la Habana Vieja cuando lo que sentimos fueron mariposas y unicornios en el estómago. Nos arrepentimos del día que perdimos Cuba de manera instantánea. Al entrar a la Plaza Vieja quisimos llorar de emoción a ritmo del Chan Chan de Compay Segundo, que ya lo teníamos casi metido en el ADN.

La Bodeguita del Medio, la Plaza de la Catedral y la de Armas, el Capitolio, una de ropa vieja en casa de Doña Eutimia, bailar más Chan Chan en la calle, librerías por supuesto con las biografías de Fidel Castro y el Ché Guevara … vimos y probamos lo que pudimos y más.

Viajar a Cuba: cartel en el restaurante El Chanchullero
Uno de tantos mensajes que prueba que el restaurante El Chanchullero se desmarca de la tradición

Pero me quedo con el futuro de Cuba: la vanguardista Fábrica de Arte Cubano, el restaurante El Chanchullero con su íntima terraza y el libro Animal Tropical de Pedro Juan Gutiérrez. Lo compré en la Feria de Publicaciones y Curiosidades. Muy cubano y un poco subversivo.

Viñales: la tranquila y suave tierra de paisajes

Decía que me alegré al oir de la Historia del Hotel Nacional. Después no me alegraría saber del trauma post-NO de los cubanos y del hambre y la ruina del Periodo Especial con la caída de la Unión Soviética. Nos lo contó Araceli, la señora cubana de nuestra casita en la segunda parada: Viñales.

Viajar a Cuba: puesta de sol en Viñales
¿Hay mejor manera de terminar el día que viendo una puesta de sol «a la cubana» en Viñales con tu amiga del alma? No lo creo

Viñales fue un ambiente menos agitado y más natural que La Habana. Bajamos del colectivo en la calle principal de este pequeño pueblo nacido de las entrañas de un valle.

Nos encontramos con la naturaleza, con las plantaciones de tabaco, con casitas presumidas de impecables colores y cubanos sonrientes y más sosegados. Allí hicimos camino al andar valle a través, fumamos puro y bebimos ron viendo la puesta de sol, y bailamos son cubano en el Centro Cultural con nuestro guía y sus amigos. Una excursión a Cayo Jutías es algo que va más allá de lo recomendable.

Viajar a Cuba: casa cubana
El salario de un odontólogo en Cuba es de 50 euros al mes. De ahí que prefieran dejar de lado su carrera y arreglar su casa para dar la bienvenida al turismo

¿Algo más que haya que destacar? Lo que yo bauticé como el Muro de las Adicciones. El muro de enfrente de la oficina de Etecsa. Etecsa es la compañía de telecomunicaciones nacional que vende las tarjetas para conectarse a Internet. Es como una atracción turística más. Todos, incluidas nosotras a última hora de la tarde, nos pegábamos al muro para tener mejor conexión. Una pena, pero fue sólo una hora al día, una dosis mucho inferior a la europea.

Y nos topamos con la hermosa y loca Trinidad

Tercera parada: la gran Trinidad de Cuba. La Trini es una loca preciosidad. Es una ciudad de máximo tres plantas de altura, representada con casas coloniales de colores llenas de puro carácter cubano. La Trini está protegida por el Valle de los Ingenios. Podría semejarse a Viñales, pero su sonido es incomparable.

Música, mucha gente (turistas) y más ajetreo «comercial». Pasear por sus calles y rodear el interior de la Plaza Mayor ya supuso en sí una gozada. Buscamos azoteas y restaurantes con encanto que nos dejaran a las puertas de una siesta en una de las mecedoras vintage del área de café. Recorrimos estoicamente en bici los 15 kms de ida y los mismos de vuelta para disfrutar de un día en Playa Ancón.

Viajar a Cuba: Trinidad y Valle de los Ingenios
Vistas de Trinidad con el majestuso Valle de los Ingenios al fondo

Nunca, y repito nunca, me olvidaré de la calle que nos acogió allí, la calle Gutiérrez. Aquello fue (y supongo que continuará siendo) un espectáculo. Alrededor de las 6 de la mañana, y pasadas las 10 de la noche después, el señor del pan se vendía a «grito pelao». Si no, era el de las verduras.

Una vecina era alcohólica y tenía 3 hijos de tres hombres diferentes. Le regalé un vestido a la mayor, que era sordomuda y de lunes a viernes vivía en un colegio de educación especial. La madre quería que me llevara a España a Pepo, el más pequeño de los tres. Otra vecina se puso celosa porque presté atención a aquellos niños y no a los suyos. «La madre que tienen no se lo merece», la dijo la celosa a la señora de mi casa.

Viajar a Cuba: cartilla de racionamiento
Apariencia real de la «tienda» donde los cubanos canjean la cartilla de racionamiento por alimentos

Otra vecina tenía un pequeño stand en un casa con 4 lacas de uñas y unos 15 ml de acetona. Era el «salón de belleza» de la calle. Le di uno de mis pintauñas. «En otras circunstancias, esta mujer sería una empresaria de éxito», pensé.

Ahí es donde ya nos quedó claro el desajuste económico actual. Tener en las manos la cartilla de racionamiento de una vecina no fue poca broma. Aunque no les falta buena escuela y gozan de buena salud, buenos dientes y gran humor.

Viajar a Cuba: Trinidad y su gente
En Trinidad conocimos y charlamos con esta señora tan entrañable llamada Carmen Ortiz Borrell. Tal cual suena

¿Algo más que añadir? Fuimos de fiesta a La Cueva. Era una discoteca que, y no espero sorpresa por tu parte, era una cueva. Lo sorprendente es que resistiera los decibelios a más de 100 pies de profundidad. Allí incité a mi amiga a desafiar rítmicamente a un grupo de cubanas que teníamos al lado en la pista. Creo que pasamos la prueba de manera digna pero, al menos yo, salí de allí con dolor de caderas.

Remedios y Cayo de Santa María: por fin el Caribe

Escogimos el mar, el silencio y la pausa para nuestra última etapa. Rechazamos por unanimidad alojarnos en un resort con todo incluido y optamos por seguir la dinámica de reservar nuestro espacio en una casa cubana. Remedios era una localidad costera que nos permitiría dar el salto a la Cayería del Norte todos los días. La octava villa inaugurada por los españoles hace más de 500 años. Fácil, tranquilas y libres.

Disculpa. Un cayo es el nombre que reciben las microislas llanas de Cuba. De los diversos cayos que hay en la parte del Caribe, sucumbimos a Cayo de Santa María. No habríamos podido decir no a una playa caribeña de arena blanca situada en un Parque Natural.

Viajar a Cuba: Cayo de Santa María
Un frame del paraíso natural que es el Cayo de Santa María (Caribe) y yo

Remedios resultó ser un pequeño pueblo encantador. En la línea del estilo colonial, éramos tan pocos los turistas allí que los habituales de la plaza se podían permitir el lujo de reconocernos cada día cuando pasábamos por allí.

La banda de música que tocaba y cantaba en esa misma plaza nos dejó participar en una canción. Cada noche cenamos langosta. Jugamos al dominó en el Centro Cultural. «Nos vamos a mezclar: un cubano y una española. Si no queda como lucha de naciones», ese fue el jefe de la partida. Tomamos clases de son cubano, un género de baile latino con sus toques afro-cubanos.

Realmente Remedios supuso sentirnos de nuevo niñas en nuestro propio pueblo. Por ello, le damos también gracias a Cuba.

Un día nos llevo hacia el cayo un cubano joven, con un nombre realmente cubano que no logro recordar. Él fue un adolescente-balsero. Pintaba bien: entre él y más jóvenes se apañaron una balsa (los cubanos son creativos, crean desde la mismísima nada) y escogieron una playa del Cayo de Santa María para huir de Cuba. No era el punto más cercano, pero sí más seguro, del que partir hacia Miami. Unas 120 millas (unos 193 kms) si no recuerdo mal. Su aventura terminó con mucho miedo durante el camino y un final amargo en una cárcel de Bahamas. Y de vuelta a casa. Sentimos su frustración de querer arrancar, de contar con otras opciones y no poder.

Gracias vida por dejarnos viajar a Cuba

Si me preguntas por Cuba te diré 4 palabras: belleza, arte, dignidad e historia. Nuestro viaje a Cuba fue una mezcla entre placer cultural y natural e historia humana.

Viajar a Cuba: entrada hogar cubano
Detrás de cada puerta abierta en La Habana había una historia

No me creí al músico del café Lamparilla que me dijo que el arroz a la cubana se creó en Cuba. ¿Qué más da? ¿Acaso no podemos dormir sin saber si la ensaladilla rusa la propuso Stalin?

Te quería visitar con toda mi alma. Cuando regresé a casa le di gracias a la vida por haberme presentado a Cuba. Te deseo lo mejor. ¡Hasta la próxima!

 

 

3 razones por las que he querido viajar a Cuba toda mi vida

Me quedan las horas contadas para ir a visitar a la prima que, quizás, más me muero por conocer de todas las primas que tiene España. Me refiero a Cuba. Viajar a Cuba es ir a conocer a esa prima que puede ser blanca,negra o mestiza, caribeña, por la que no pasan los años, ahogada por el vecino malo, castigada en su propia casa y que escogió a amigos malotes que sólo la querían para enfadar al vecino malo.

La admiro porque por muy apaleada que se sienta ella sigue de pie, bellísima, invita a ron y fumar puros. Sigue bailando. Sigue riendo. Sigue adelante.

Si me pongo, podría sacar muchas más. Pero voy a destacar 3 razones por las que he querido viajar a Cuba toda mi vida.

1. Porque sí

El subconsciente de cada una crea un ideal de viaje a partir de detalles de imágenes y lecturas que atrapa, porque simpatizan con nuestra carga genética y nos estimulan, de un lugar en particular.

Me atrae la decadencia bien llevada, las islas, la amabilidad, la simplicidad y la cultura profunda.

Un destino que es la ilusión de una vida. El de algunas es Las Vegas, el de otras Nueva York, París, Tokyo… Bien, mi ilusión es viajar a Cuba.

2. Viajar a Cuba es terapéutico

Los médicos de cabecera deberían recetar viajes a Cuba, en lugar de Citalopram y Trankimacin.

Generalizada es la dificultad y el cansancio que todos experimentamos en la convivencia con un sistema en el que nos tenemos que esforzar para ser felices. En el que nos presionamos y nos presionan demasiado. El estrés es un mal endémico de nuestro entorno.

Por lo tanto hay que salir del entorno. En mi caso, voy a tomarme 14 cápsulas diarias de Cuba. Creo que la prima Cuba me va a dar más de una lección de vida, y energía para volver a casa cual minotauro. La simplicidad, otro sistema y una manera diferente de enfocar la vida van a ser la clave. Estoy segura.

Viajar a Cuba. Su bandera.
De momento llevo en mi mente la bandera de Cuba.

3. Cuba es bella

Ya tenemos el trazado decidido. 14 días de belleza, de estilo colonial, de Oceáno Atlántico y Mar Caribe. 14 días de música en directo, de humildad y actitud de aprendizaje hacia el carácter cubano. 14 días de mestizaje, paisaje urbano y natural. 14 días que me llevarán 50 años atrás. Todo muy retro. No puedo esperar.

La Havana, Viñales, Cienfuegos, Trinidad, Remedios y Cayería Norte. Leyendo y viendo imágenes sobre Cuba, me hace desear que ojalá fuerámos primas de las que más se arriman. Cuba tiene que ser bella.

 

Este debe ser el país número 40 que visito, pero estoy nerviosa cual aventurera primeriza. Como si no hubiera visto mundo. Groucho Marx decía que «paren el mundo que yo me bajo». No hace falta tanta logística. Cuba es otro mundo. ¡Qué ganas de conocerte prima!

Bali: primer encuentro con Digital Nomads

Cuando hace tres semanas embarqué en un vuelo hacia Bali, isla de Indonesia, para disfrutar de unas cortas vacaciones de desconexión tenía las expectativas propias de quién va a un paraíso en el Sudeste Asiático: ambiente cálido y ultrahúmedo, olor a agua agria, templos que alivian, que te ocurra algo parecido a Julia Roberts en Come, Reza, Ama, playas de azul «índico» y la deliciosa dieta del arroz o noodles. Lo que no sabía era que iba a tener mi primer contacto con una tribu de individuos de gran talento creativo y que deben su vida a la aparición de Internet: Bali se me presentó como todo lo que esperaba y también como bastión de los Digital Nomads.

La Bali creativa
Fuente: propia

Quién es un Digital Nomad?

Un Digital Nomad es aquel individuo que se aprovecha de la tecnología para trabajar de forma remota y vivir un estilo de vida independiente y nómada, consiguiendo aquellas metas profesionales que podrían conseguir en un sedentario y único lugar de trabajo.

En Bali me alojé en una guest house en Canggu, una localidad moderadamente tranquila y poco explotada al sur de la isla (por cierto recomendada por Nomad List como uno de los mejores lugares del mundo para vivir y trabajar de forma remota), dónde compartí interesantes puestas de Sol y cenas de nasi goreng con gente que trabajaba online o buscaba oportunidades de negocio en materia de comercio electrónico. Sin ir más lejos, tuve como vecinas de habitación a Alba, una chica valenciana que diseña zapatos para distribuidoras como freelance; Isabel, de Zaragoza, diseñadora de ropa y accesorios; y, Silvia, una eslovaca cuya actividad es más cercana a la temática de este blog.

Canggu recomendada como uno de los mejores lugares del mundo para los Digital Nomads
Fuente: nomadlist.com

El caso de Silvia Puchovska es el típico de aquellos que se apuntan a la caravana Digital Nomads: trabajó en marketing para una gran compañía durante años y, tras dejarlo en 2012 y realizar un largo viaje mochilero por Sudamérica y Centro América, decidió que pertenecería a todos aquellos lugares que le proporcionaran «una conexión rápida a Internet, buen tiempo y olas para hacer surf». De esta manera se convirtió en online marketer freelance y hace poco ha emprendido su propio negocio online: Studio Inbound, Your Remote Marketing Team, en el que «ayuda a pequeñas y medianas empresas a ser auténticas y visibles online».

Además de hacerse con una buena cartera de clientes en el mercado eslovaco a quiénes cuida adaptándose a las 7 horas menos de este país de Europa del Este con respecto a Bali y haciendo buen uso del Skype, también creó un blog, Unboxing Traveller- Live and Work Online-, en el que anima a otros profesionales a cumplir su sueño y colaborar con ella en la búsqueda de nuevas posibilidades de negocio. Silvia apuesta por un modelo único, adaptado a las necesidades de cada uno de sus clientes en particular y basado en el marketing de atracción o inbound marketing. Y mucha creación de contenidos. Tras mucho tiempo dedicada al marketing más tradicional, esta eslovaca de 32 años se define como «una autodidacta del marketing digital y apasionada por el inbound marketing«. «La clave está en conocer a la perfección cuál es el público objetivo y saber qué comportamiento tienen cuando están frente a una pantalla y qué piensan. Y no hay más secreto que ese», confiesa mientras me enseña algo de su trabajo en SEO On Page para una empresa de básculas para alimentos en la cuál estaba trabajando desde su «oficina» en nuestro hogar balinés.

Imagen de la Digital Nomad Silvia Puchovska
Fuente: unboxingtraveller.com

Este modo de trabajar y estilo de vida encajan a la perfección para Silvia. ¿Pero de qué manera beneficia esta manera de plantear el marketing digital a la calidad del servicio?

Una «remota» idea de cómo el trabajo a distancia mejora la efectividad del marketing digital

La autoridad internacional en materia de marketing digital, en especial en inbound marketing, Hubspot, publicó un artículo en su blog de participación para agencias profesionales en el que se señala 5 factores por los que una agencia de marketing digital es más efectiva trabajando de manera remota:

  1. Trabajadores más felicidades y sanos. Trabajando a distancia ganarías esa hora y media de vida que inviertes en ir y volver de la oficina! O tener la posibilidad de coger olas a cinco minutos a pie de tu casa.
  2. Mayor estandarización de los procesos. En especial, los que tienen que ver con reuniones de equipo y relación con los freelance.
  3. Puedes contratar talento de todo el mundo. Y no reduces tus opciones al talento local.
  4. Reducción de los gastos generales. Aunque no es determinante es una mejora, según el autor del artículo.
  5. Incrementa la productividad. Cada individuo puede escoger trabajar durante aquellas horas del día en las que es más productivo. Hay personas que pueden ser más productivas desde las 6 de la mañana hasta las 12 del mediodía o viceversa.

No obstante, el texto advierte que lo que ofrece eficacia y beneficios también puede plantear desafíos: es imprescindible una comunicación diaria, dar y recibir feedback y ser extraordinarios en lo que respecta a la creación de un equipo unido y sólido que debe reunirse, como mínimo, una vez al año.

La inspiradora Bali y la experiencia de conocer un perfil profesional tan interesante como el del Digital Nomad de la mano de Silvia me enseñaron que dejar atrás algunos problemas del Primer Mundo y trasladar tu oficina al paraíso durante el duro invierno europeo pueden mejorar tus aspiraciones profesionales y la salud del marketing digital. Aunque ello implique trabajar muchas más horas que de 9 a 17, echar de menos el confort de estar en tu país con los tuyos, enfermar lo justo dada la calidad de la sanidad, armarse de paciencia en asuntos bancarios y de burocracia, y que cada vez que llueva invoques a los mil dioses de la isla para que no caiga la conexión a Internet.