El dopaje de lo ficticio

La vida me ha llevado estos últimos meses a trabajar en el maravilloso mundo de la ficción. La factoría de ficción no para a escala planetaria de crear tramas y vidas sin parar. Aunque sea en el aspecto profesional, este acercamiento a lo ficticio me disparó tres preguntas: por qué existe la ficción, para qué la buscamos y calcular en qué grado nos dopamos de lo ficticio.

El término ficción viene del latin fictus, y quiere decir «fingido» o «inventado».  Que no es real. Me gusta pensar que lo ficticio tiene una consideración más positiva que la mentira. No van en el mismo paquete. Al fin y al cabo, la ficción como creación cultural en la sociedad moderna ya se practicaba en la vida cotidiana como un bálsamo o parche de alivio. La mayor ficción de la Historia es, sin duda, levantar la mirada y hablarle a Dios.

¿Por qué existe la ficción?

Mi vida no deja de ser igual de maravillosa, sorprendente, aburrida y lastimosa que lo que puede ser cualquiera de vuestras vidas. Pero cada vida presenta unos límites de facto, no se puede vivir todo. Y ahí es cuando la ficción nos brinda la posibilidad de superar este límite y vivir otras vidas. De hecho, tenemos la necesidad imperiosa de imaginarnos y procesar que se sentiría siendo una heroína, la mejor amiga de un mago adolescente, una espía, una rubia muy legal… y añado ganar Gran Hermano (aunque nos confunda el concepto reality show) o ser una sirena perfecta tras esa foto pasada por la App Perfect 365 que has publicado en Instagram. De hecho, Instagram es la mayor factoría de monodosis de ficción en la actualidad. Me fascina.  Eso también es ficción.

El dopaje de lo ficticio
La expresión «montarse películas» existe para describir un estado de sobredosis de ficción

¿Para qué buscamos la ficción?

De esta manera, nos dopamos de ficción en cualquiera de sus formatos para contactar con otras realidades: experimentar el drama, disfrutar de los giros del suspense, simular un futuro donde ni nuestros pies necesitarían tocar el suelo, recrear en nuestra mente que pasó en este o aquel suceso histórico…

Paradójicamente, el consumo de ficción nos hace más conscientes de nuestro entorno y ayuda en el sano ejercicio de la empatía. Este es el aspecto positivo de ser las mujeres tan imaginativas. El golpe negativo de codearnos con la ficción es inyectar dosis de ésta en la novela que resulta nuestra propia vida y mentir a nuestra mente con una narrativa falsa. 

Positivo en dopaje de lo ficticio

Todas somos impostoras en mayor o menor medida. A mayor capacidad de creatividad, mayores probabilidades de que ese hemisferio de nuestra mente que se contrapone a la racionalidad exude sustancias ficticias.

¿Sabéis que uno de los mayores casos de dopaje de lo ficticio acontece cuando alguien nos decepciona?

Esta cita es increíble. “Nos decepciona que el otro no actúe como esperamos. ¿Cómo lo haría, si no conoce al personaje ficticio que creamos para que encaje en él?” Dice internet que Miguel Campión, productor, guionista y director, escribió esto. Me ha ocurrido en tantas ocasiones… Esta pequeña y disfuncional creación de perfiles de ficción en nuestra mente es la guionista que provoca una de las más dolorosas decepciones sentimentales que puede haber.

Una de las claves del éxito personal es mantener los pies en el suelo, la humildad de aceptar la realidad y detectar los flujos de ficción que puede crear nuestra mente. Tanto para desmaquillar nuestra propia vida como para no crear rasgos ficticios en aquellas personas cuyo perfil real – lamentándolo mucho – no beneficia a nuestra historia real.

Dejemos el arte de la ficción para la tercera temporada de la Casa de Papel. Podemos inspirarnos de la maravillosa ficción que es soñar, pero también seamos reales con nosotras mismas.

Continua conmigo 🙂

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