La vida despacio

Debería estar aburriéndome viva, pero me gustaría que leyerais esto. Una de las consignas más extendidas entre nuestra generación de globalistas es la de vivir como si no hubiera un mañana. Living like there is not tomorrow. Se trata de meterse en un engranaje de caza de experiencias, sin parar, sin decir no a ninguna oportunidad, sin parar, sin fronteras. Y lo hacemos porque podemos, porque todo es posible. Impossible is nothing. Ok, hay que aprovechar, porque la realidad ya se encargará de obligarnos a reflexionar, tomar la vida despacio.

El cuerpo y la mente, si son inteligentes, te pedirán bajar de quinta a primera. Siempre recuerdo dos preguntas. La primera, de un profesor de sociología de la facultad formulada en clase ya hace como 10 años. Tocaba digerir el análisis que Zygmunt Bauman hacía de la Modernidad. «¿Qué hay de malo en perder el tiempo?¿No podemos perder el tiempo? «. En aquel entonces, tenía 20 años y mucha ansia de arrancar. La respuesta fue: NO. La segunda de mi padre, hace 3: «¿No sabes estar en el sofá, tumbada, sin hacer nada?».   Justo había roto mi relación con una empresa con la que voluntariamente había pactado seguir descubriendo el mundo – y trabajando – sin parar. Keep discovering. Muy a mi pesar tuve que responderle: NO.

Quizás uno de los mejores encuentros que se puede tener hoy en día – en términos de reflexión – sea con el filósofo coreano Byung-Chul Han. Está vivo, con lo cual lo que publica viene a cuento.

De la lucha contra el SIDA a las enfermedades del alma

En el siglo pasado, la Humanidad luchaba contra el extraño, el otro, el malo y contra las patologías que, procedentes del exterior, atacaban nuestro sistema inmunológico. Como el SIDA. Ahora no tenemos Guerra Fría – ese diálogo entre los buenos (nosotros) y los malos (ellos), dice Byung-Chul Han, pero la que secundamos ahora es caliente y la llevamos por dentro. Las patologías del siglo XXI son las que tratan de acabar con el alma, infartos psíquicos.

Es cierto, acabamos exhaustas de pensar demasiado y de exigirnos mucho a nosotras mismas.  La sociedad que se plantea ahora es la basada en «la obesidad de la comunicación, la información y la producción». Lo dice en su ensayo La Sociedad del Cansancio.

Somos las amas y las esclavas

Si en el pasado era un tercero dominante que nos explotaba, ahora tendemos a explotarnos a nosotras mismas también: offline y online, en una era de la positividad. Si la lucha contra el daño externo lo llevamos más o menos controlado, ahora podemos con todo. Yes, we can. A la disciplina del «deber» se le suma el mantra del «poder». Es una extensión de la eficiencia y productividad del ser humano que con sutileza es violenta y agotadora.

No existe margen para la negatividad, y sí para repetir mil y una veces que estamos bien e incluso podemos exigirnos en el trabajo hasta el infinito, o aguantar la presión social de ser madres o terminar un triatlón. O todo junto. Y no olvidarnos de publicarlo en las redes sociales con una foto y un buen eslogan.

Un mandala como manera de llevar la vida despacio
¿Por qué crees que el índice de mandalas pintados ha crecido un 3000%? Porque es una actividad para frenar, contemplar y, así, descansar la mente

El hecho de eliminar cualquier modo de gestión autoritario, prohibitivo nos otorga a nosotras mismas la responsabilidad de nuestro propio devenir.

Ahora nos deprimimos porque creemos que no estamos a la altura, estamos exhaustas de ser una misma, de pertenecer a nosotras mismas y la soledad – carencia de vínculos con otros – que esto conlleva. Esto de la presión por rendimiento en un contexto de libertad yendo de la mano  del chorro de estímulos informativos al que somos sometidas, hace que nos convirtamos en seres hiperactivos y nos exijamos hasta quedarnos exhaustas, con la concentración de vacaciones y quemadas del alma.

¡Ah! Y en este estilo de vida de exceso en ocupación no cabe el aburrimiento.

No puedo poder más

Eso propone Byung-Chul Han. Sin ser derrotistas, tomarnos un tiempo para decir, «oye, mira que no puedo poder más». Recuperar un poco de negatividad como reacción a los impulsos que nos agotan y situarnos en un estado de excepción.

Así como durante el sueño descansamos el cuerpo es cuando nos aburrimos cuando descansamos la mente y la regeneramos de cara a posteriores esfuerzos mentales, dice el autor. Cuando alcanzamos nuestro punto álgido de relajación espiritual. Y el progreso humano, la cultura y las decisiones más importantes de nuestra vida requieren una concentración profunda y contemplativa.

Eso es, un poco de vida contemplativa. No es más que lo que veíamos antaño en el pueblo o lo que me ha llamado la atención cuando he viajado a países como Costa Rica, Cuba o Vietnam: gente sentada en el portal de casa o un banco haciendo nada más que contemplar satisfechamente lo que tiene delante. La educación de mirar con una profunda atención – no vale a Instagram – lo que se tiene alrededor y poner en pausa la máquina autista de rendimiento. Vivir la vida despacio. Hay muchos y buenos mañanas.

¿Te has aburrido últimamente?

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