Cinco segundos en Trípoli

Primera hora de la mañana y suena el teléfono fijo que tengo sobre la mesita de noche. Ese teléfono suena poco. Si suena mientras duermo significa que en dos horas vuelo a un lugar que todavía desconozco. «Good morning Miss Yasmina, this is crew scheduling. You are going to Malta, as you know making a quick stop in Larnaca first. Ah! By the way, on the way back you will be operating on the first flight to Lybia since the civil war started. » «Ok, thank you.» Cuelgo porque en este tipo de llamadas no hay nada más que hablar y me estiro. Pienso. «Genial, ¿eso significa que voy a estar un ratito en Trípoli?».

Cuando perteneces al mundo

Cuando por circunstancias personales o profesionales perteneces al mundo, normalizas que el sistema que decide dónde vas a estar te envíe a lugares donde pocxs quieren ir. Es más, aprovecho este plan al margen de mi voluntad como el privilegio de situarme casi tocando una realidad de la que una joven española podría leer y ver al respecto, pero que no me pertenece. No debería ir allí. Y, sin embargo, a mí me interesó la idea.

Libia había tenido su propia revolución en febrero de 2011. Llevaba violentamente fracturada en dos visiones diferentes de usar el país y la vida de sus ciudadanxs: lxs leales a Gaddafi versus lxs que no. Diálogo para qué te quiero. Asesinado el jefe meses después. Se están matando entre ellxs, desde entonces.

Desconozco la razón exacta, pero parece ser que la guerra civil en este país del Norte de África ha dado un descanso, el país se ha dado una oportunidad para la normalidad, ventilar y vivir, y el aeropuerto de Trípoli acoge vuelos internacionales. Y por Trípoli pasaré.

Cinco segundos en Trípoli
Sí que hubieron fotos, flores y sonrisas. Pero desconozco dónde estarán ahora.

Llegando al shithole

Ya sentada y asegurada de cara al aterrizaje, lo único que hago es observar por la ventana del avión. Estoy llegando paralela a un horizonte de arena y matojos y ese filtro de polvo hostil propio de la nada. Lxs anglosajonxs tienen un término de mal gusto para calificar en que se acaban convirtiendo las zonas de conflicto: estoy llegando a Trípoli, a una ciudad camino de ser un shithole. Un agujero de mierda.

Conforme el avión se va aproximando, la nada donde nada se ve se convierte en una pista de aterrizaje apta pero deteriorada. El escenario está decorado con una puesta en escena de vehículos y agentes con rifles de escolta al recién llegado. No sé quién manda, creo que son milicias que visten, calzan y posan de manera militar. Relajados, vigilantes y garantes de que Trípoli vive y es normal.

En las siguientes dos horas y media recuerdo que tengo que hacer mi trabajo, pero también quiero conocer qué sucede cuando una ciudad aislada en su autodestrucción recibe una visita como la nuestra. Plantan las escaleras, se abren las puertas del Boeing 777 y aparece el personal de tierra de facto. Una mujer y dos hombres. Los hombres se comportan como si nada, pero ella no sigue un esquema de comportamiento rutinario.

De tez morena y unos cuarenta años, se ha recogido su media melena negra con un coletero de colores y viste de la manera más oficiosa que ha podido. La mujer libia se nos presenta con la enorme sonrisa del ¡por fin!, nos ofrece un ramo de flores y un «Welcome to Trípoli». Hay una cámara que nos hace fotos. Nos abraza. No para de moverse ligera de un lado a otro del avión sonriendo. Así es como se debe sentir la vuelta a la vida.

Five, four, three, two, one. Tripoli checked

El alboroto de este especial desembarque cesa, están limpiando la cabina y me asomo a la puerta más cercana a la cabina de lxs pilotos. Todavía quedan dos miembros de la milicia con rifle a los pies de la escalera. Alguien me agarra del antebrazo. Es el First Officer, el compi del Captain. «C’mon, we cannot miss the chance to do some sightseeing in Tripoli. Yallah».

Bajamxs las escaleras hasta situarnos entre los dos milicianos libios con rifle. Deben pensar que adónde van estos dos pinceles. Uno frente al otro, pies oficialmente en suelo libio. El FO abre su palma de la mano derecha y va bajando dedos conforme avanza su propia cuenta atrás: «five, four, three, two, one. Tripoli, checked. Let’s go back upstairs». No puedo evitar reírme en corto de esta simplona sátira a la miseria de una guerra civil, al desinterés que causa una ciudad por haber accedido a autoaniquilarse. Miro a mi alrededor antes de subir y, de verdad, el ambiente se siente como el reposo después del desvarío de agitar muy fuerte.

Embarcan pasajerxs con cara agotada, desinflándose poco a poco en el asiento. Cerramos puertas, aseguramos cabina y salimos de allí. Y este ha sido el viaje más corto de mi vida. Cinco segundos en suelo tripolitano. ¿Puedo contarlo como viaje, no? Ya que he ganado una lección: haber celebrado las dos horas y media de paz y ligereza de la mujer libia.

En 2014 se abre una segunda guerra civil e incluso el mismo aeropuerto es dañado en la que se denomina la Batalla del Aeropuerto de Trípoli en julio de 2014. En el país acogen el suceso como un shock. El aeropuerto de Trípoli era intocable dado que, de forma intermitente, representaba la vida y la normalidad para, entre otrxs muchxs, la mujer libia con el coletero de la alegría. Creo que, a día de hoy, siguen con su candidatura a eterno shithole .

[No te vayas, sigue conmigo]

El dopaje de lo ficticio

La vida me ha llevado estos últimos meses a trabajar en el maravilloso mundo de la ficción. La factoría de ficción no para a escala planetaria de crear tramas y vidas sin parar. Aunque sea en el aspecto profesional, este acercamiento a lo ficticio me disparó tres preguntas: por qué existe la ficción, para qué la buscamos y calcular en qué grado nos dopamos de lo ficticio.

El término ficción viene del latin fictus, y quiere decir «fingido» o «inventado».  Que no es real. Me gusta pensar que lo ficticio tiene una consideración más positiva que la mentira. No van en el mismo paquete. Al fin y al cabo, la ficción como creación cultural en la sociedad moderna ya se practicaba en la vida cotidiana como un bálsamo o parche de alivio. La mayor ficción de la Historia es, sin duda, levantar la mirada y hablarle a Dios.

¿Por qué existe la ficción?

Mi vida no deja de ser igual de maravillosa, sorprendente, aburrida y lastimosa que lo que puede ser cualquiera de vuestras vidas. Pero cada vida presenta unos límites de facto, no se puede vivir todo. Y ahí es cuando la ficción nos brinda la posibilidad de superar este límite y vivir otras vidas. De hecho, tenemos la necesidad imperiosa de imaginarnos y procesar que se sentiría siendo una heroína, la mejor amiga de un mago adolescente, una espía, una rubia muy legal… y añado ganar Gran Hermano (aunque nos confunda el concepto reality show) o ser una sirena perfecta tras esa foto pasada por la App Perfect 365 que has publicado en Instagram. De hecho, Instagram es la mayor factoría de monodosis de ficción en la actualidad. Me fascina.  Eso también es ficción.

El dopaje de lo ficticio
La expresión «montarse películas» existe para describir un estado de sobredosis de ficción

¿Para qué buscamos la ficción?

De esta manera, nos dopamos de ficción en cualquiera de sus formatos para contactar con otras realidades: experimentar el drama, disfrutar de los giros del suspense, simular un futuro donde ni nuestros pies necesitarían tocar el suelo, recrear en nuestra mente que pasó en este o aquel suceso histórico…

Paradójicamente, el consumo de ficción nos hace más conscientes de nuestro entorno y ayuda en el sano ejercicio de la empatía. Este es el aspecto positivo de ser las mujeres tan imaginativas. El golpe negativo de codearnos con la ficción es inyectar dosis de ésta en la novela que resulta nuestra propia vida y mentir a nuestra mente con una narrativa falsa. 

Positivo en dopaje de lo ficticio

Todas somos impostoras en mayor o menor medida. A mayor capacidad de creatividad, mayores probabilidades de que ese hemisferio de nuestra mente que se contrapone a la racionalidad exude sustancias ficticias.

¿Sabéis que uno de los mayores casos de dopaje de lo ficticio acontece cuando alguien nos decepciona?

Esta cita es increíble. “Nos decepciona que el otro no actúe como esperamos. ¿Cómo lo haría, si no conoce al personaje ficticio que creamos para que encaje en él?” Dice internet que Miguel Campión, productor, guionista y director, escribió esto. Me ha ocurrido en tantas ocasiones… Esta pequeña y disfuncional creación de perfiles de ficción en nuestra mente es la guionista que provoca una de las más dolorosas decepciones sentimentales que puede haber.

Una de las claves del éxito personal es mantener los pies en el suelo, la humildad de aceptar la realidad y detectar los flujos de ficción que puede crear nuestra mente. Tanto para desmaquillar nuestra propia vida como para no crear rasgos ficticios en aquellas personas cuyo perfil real – lamentándolo mucho – no beneficia a nuestra historia real.

Dejemos el arte de la ficción para la tercera temporada de la Casa de Papel. Podemos inspirarnos de la maravillosa ficción que es soñar, pero también seamos reales con nosotras mismas.

Continua conmigo 🙂

Hablar por Whatsapp: esta es la mejor respuesta de la Historia

La app más exitosa trajo consigo una revolución a la hora de comunicar con rapidez y …. ¡gratis! Ni un céntimo y caracteres ilimitados. Muy eficaz como herramienta de organización. ¿Ahorro? La adoro. Pero como contrapartida, hablar por Whatsapp se convirtió a corto plazo en un adictivo despacho sentimental para amar, desamar, malinterpretar, reamar, culpar, provocar, contraatacar, felicitar, anunciar «públicamente», enemistar, esperar, soltar vanidades y reamar otra vez. John Gray nos indicó en su best seller (Conoce tus sentimientos, mejora tus relaciones, 2003) que la clave para evitar el fracaso de cualquier relación es descartar la represión y expresar nuestros sentimientos cara a cara. El pobre no sabía que años más tarde llegaría Whatsapp y sus consejos superventas perecerían por explotación. Y nos salimos con la nuestra. ¡Sin dar la cara! Maravilloso.

Se puede hablar con Whatsapp sólo utilizando un cocktail de emoticonos
Para qué buscar palabras cuando existe un cocktelito de emoticonos. Imagen: Pixabay/Creative Commons

Este post surge a raíz de una de estas situaciones, pero abordada de la manera más fresca: en una comida de domingo con amigos divertidos. Tenemos sobre las mesa: un amigo, un flechazo al estilo chupito de tequila (breve, prometedor, intenso y abrasivo al final) con un chico a priori encantador y un desenlace con silencio dramático que hace que caduque. Pero atención al postre: un ebook por Whatsapp a los dieciocho días. Creo que eran dieciocho. Sean o no, la cuestión es que era un montón de días después. Una parrafada que, a destiempo, va de salvaguarda del prójimo.  La muestro a continuación:

Ebook al hablar por Whatsapp
Texto enviado desde la profunda nada pero real

 

Con el lanzamiento del debate guardado para la sobremesa, la mejor opción para el receptor del ebook es la de pedir una copita de hierbas digestivas del bendito silencio. No responder. Yo pienso que no es suficiente, pero que hay que empezar a acabar con esta campaña del desgaste emocional por Whatsapp con algo diferente.

Y ojalá que esta mi aportación se convierta en la mejor respuesta de la Historia de hablar por Whatsapp y nos ahorre a todos corazón. ¡Ahí va!

Tres signos de interrogación
Tres signos de interrogación

Procura dejar un espacio entre signo y signo, y dale a enviar. Con cada uno de los tres signos de interrogación mi amigo vendría a decir lo siguiente:

«No entiendo»

El emisor se cuestionará automáticamente la legibilidad del mensaje y tendrá que explicarse mejor haciendo un esfuerzo en escribir otro ebook más efectivo que el anterior. Le espera curro.

«¿Y esto?»

Dieciocho días después. Míratelo. Esperemos que el emisor se cuestione a sí mismo y se lo piense antes de enviar el ebook que recomienda el primer signo. De lo contrario, no sólo le recomendamos un terapeuta, sino que también le pagamos la primera sesión.

«A otra cosa»

La lectura sin responder deja un sabor a insuficiente cuando se ha intentado herir. Mi amigo es una gran persona. Con el tercer signo de interrogación el pulgar gasta las nanocalorías justas que requiere la situación y sirve para cerrar el burdel sentimental. No interesa.

Os paso a los perfeccionistas la manera de escribir en negrita, cursiva y demás en Whatsapp por si le queréis dar más énfasis. Pero sin complicarse.

En realidad, mi amigo no pudo utilizar mi técnica porque leyó el mensaje, hizo una captura de pantalla para regocijo propio y ajeno y acto seguido borró todo tipo de contacto con el gurú emocional.

Pero que sirvan tanto la anécdota, la comida y el post para que mi amigo no sufra como una tonadillera a la próxima, que este tipo de situaciones tengan la importancia y la dosis de humor  que merecen (ninguna y mucho, respectivamente) y para que John Gray no pierda la fe en la Humanidad.

 

¿Leemos un poco más?

 

Mi liga de los atributos

Realmente puedo explicar con muy poca exactitud qué características me acercaban a las personas hace unos años. Recuerdo ser la abanderada del «más gente, más fiesta». De hecho, tenía un embudo con un cuello casi nulo. Han pasado los años, unos años con un volumen de gente que ha pasado por mi vida cuya unidad de medida no baja del tera y ese embudo prácticamente no podría canalizar ni gas a día de hoy.  Ahora tengo hasta mi liga de los atributos, mi propio listado de cualidades que me conmueve y me acerca a las personas. Todxs aquellxs que mantienen la llama de mi fé encendida tienen, al menos, tres de estos atributos. ¡Ahí va!

Saber escuchar

Este atributo sí que lo incorporé a mi liga desde el minuto cero. Desde que soy adolescente he apreciado a las personas que no sólo guardan el turno de palabra, sino que también prestan atención. Se dice que escuchando abiertamente es como se aprende y que el discurso del yo y yo en bucle no lleva más que a la atrofia cognitiva y estancamiento. Pocas cosas satisfacen tanto como una buena conversación.

Elocuencia

Una de las últimas personas que me deleitó con su intensa expresividad me dijo lo siguiente al escoger sentarme a su lado – en el bordillo de una acera – para comer durante el descanso en el trabajo: «perdona, ¿te importa no comer mientras fumo?». Máximos goleadorxs de mi liga estxs cracks de la oratoria, que aplican la creatividad hasta en el momento más sencillo y cotidiano. Lxs que buscan decir siempre algo que no esperarías ni un millón de años son la mejor arma  persuasiva en la que inspirarte.

Naturalidad

Nada de artificios, mi liga ficha a la espontaneidad. Aquella persona que se desenvuelve sin ningún tipo de coacción exterior, por voluntad propia, real, auténtica – ya sea una auténtica idiota, o más bien reservada, o una celebridad – . Esta gente sobresale por la transparencia con la que juegan limpio tanto con sus defectos como con sus virtudes. Fieles a si mismxs. Me encanta.

 

Sello Best Quality para mi liga de los atributos
Guaranteed! La mejor calidad está en mi liga. Imagen:  Creative Commons

Moderación

Abajo con los fundamentalistas de la vida. Los extremos inamovibles y excesos son tarjeta amarilla en mi liga, tanto en lo que se refiere al estilo de vida o la ideología del pensamiento. Y si son intransigentes con el prójimo roja directa. Aprecio muchísimo tener en mi vida a personas equilibradas  y alejadas del yo-nunca-esto-y-aquello. Como yo siempre digo: «clase intensa de yoga y donut de chocolate».

Pasión

La pasión es pura victoria. Quien no la tiene, no sé como puede continuar hacia adelante. Tanto en términos de afectividad como de quehacer vehemente, me costaría vivir bien sin rodearme de ellxs. Y España goza de buena cantera, en eso tengo suerte.

Clase

Por favor, no os confundáis con el término retro-casposo del concepto «clase». Con este atributo me refiero a lo que actualmente equivale a buena educación, saber estar en todo tipo de contexto y mostrando, independientemente de la situación, humildad y respeto ante cualquiera. Junto a un cuidado de la buena presencia, la clase es, sin duda, la mejor delantera.

Estoy son los 6 atributos de mi liga, mis seis galácticos. Podrían ser más, pero no menos.

¿Quieres conocer un ejemplo? Adelante.

El cuarto valor, ¿qué es el capital erótico?

Las mujeres somos cada vez más poderosas. O, al menos, sí tenemos el conocimiento para posicionarnos en el camino hacia el éxito personal y herramientas para cargarnos algún obstáculo que otro. Sin embargo, uno de nuestros mayores valores tiende a condenarse por la sociedad patriarcal y al feminismo tradicional también le chirría hablar sobre él. En mi búsqueda sobre un feminismo más real y positivo que entre al debate, voy a intentar hablar claro sobre qué es el capital erótico. Aunque voy a intercalar el término frío «capital» con «valor» 😉

Soy crítica de muchos aspectos del sistema neoliberal. Pero éste me da la libertad de precisamente criticarlo y vivirlo a mi manera. Sirva este inciso para no tacharme de mercantilista por lo que voy a humildemente explicar.

Dinero, qué sabes, a quién conoces y… ¿nada más?

En el actual sistema, el filósofo Pierre Burdeau nos explicó que las jugadoras contamos con tres tipos de valores – o de capital- para alcanzar el éxito personal: el dinero – obvio, mal que pese-, qué sabemos y a quién conocemos. Fueron bautizados como capital económico, capital cultural y capital social, respectivamente en su teoría.

El dinero es un factor que viene predeterminado en muchos casos por azar y cuna. La iniciativa por una buena formación y experiencia profesional, y el popular networking son decisiones que las mujeres tomamos desde hace pocas décadas en España.

Hasta aquí de acuerdo con Burdeau. Independientemente del estilo de vida que escojamos, y aplicable a cualquier nivel de ambición, estos tres capitales son como tres carriles hacia el triunfo en la pesquisa. Pero al francés se le escapó un cuarto valor en la partida. ¿Puritanismo quizás?

Capital erótico: el ignorado cuarto valor

No puedo desarrollar lo dicho en el subtítulo sin induciros a que desmarquéis lo que viene a continuación de cualquier relación con la raza y la condición sexual. Va totalmente desligado del tema de la explotación sexual.

¿Qué dirías que es el capital erótico? La respuesta común sería «utilizar la belleza sexual para conseguir el éxito propio de estilos de vida como la publicidad, las artes y el espectáculo».

Sí, pero no. En 2009, la socióloga británica Catherine Hakim estrenó el término capital erótico para referirse a la atracción sexual y social que emana una persona. Por supuesto que incluye la belleza y el sex appeal, pero también el encanto, las habilidades sociales, la confianza en una misma, la vivacidad, el estar en forma, las competencias sexuales – estrictamente dentro del ámbito íntimo y privado- y las habilidades en la presentación física de una misma – los adornos. Y las mujeres, simplemente, hemos trabajado más duro que los hombres en este aspecto. Porque representa todo un curro.

(Activa los subtítulos en inglés)

Hakim señala la aparición y evolución de la fotografía digital como razón por la cual ha surgido la necesidad de que la sociología y la economía tengan en cuenta el capital erótico, y no sólo el show business. Sin ser conscientes, al tener la capacidad de mostrarnos públicamente a cada segundo, hemos estado incrementando el tiempo dedicado a potenciar nuestro capital erótico.

Y desde las empresas de cualquier industria que busquen una buena atención al cliente hasta potenciales personas interesadas en tener una relación tienen en cuenta el valor erótico.

La «estúpida» condena para el valor erótico

Hakim define como «estúpida» la condena social propia del puritanismo y la sociedad patriarcal hacia aquellas que poseen capital erótico y deciden usarlo para alcanzar su idea de éxito.

Quien critica a Kim Kardashian no ve que ella ha sabido leer el sistema y crear un imperio millonario a partir exclusivamente de su capital erótico, así como George Clooney lo ha estado haciendo toda su vida.

Traducido al mapa español, quien condena a una reportera sin formación académica para el puesto por aparecer en el programa especial de Fin de Año prácticamente desnuda y hacer el papel de tonta-guapa en su día a día no debería hacerlo.

Una buena causa será más seguida si la defiende una mujer con alto valor erótico. Un proyecto ambicioso contará con luz verde si la persona que lo presenta cuenta con la amalgama de características que incluye el concepto de capital erótico.

Amal Clooney Alamuddin como ejemplo de qué es el capital erótico y el papel que juega dentro del éxito personal
La abogada Amal Clooney Alamuddin como ejemplo de qué es el capital erótico y el papel que representa dentro del éxito personal

De acuerdo, pero en desacuerdo. Uno, porque reniego de los totalitarismos y la tendencia hacia los extremos tipo Kim Kardashian. La respeto, pero no es un modelo ideal de mujer para mí ni las mujeres que admiro creo que serían sus amigas . Su figura contiene capital erótico – fabricado – parcial.  Lo mismo para la traducción a la española que he citado arriba. Y dos, porque las mujeres somos capaces de trabajar por el desarrollo de los cuatro valores: el económico, el cultural, el social y el erótico. Ejemplo: la abogada Amal Clooney Alamuddin. O que, y volviendo al mapa español, un canal de televisión potencie el capital erótico de sus presentadoras de informativos, en tanto que es obvio que no se quedan cojas del resto de capitales.

He presentado la cara clara del concepto de capital erótico  e invito a tenerlo en cuenta si una mujer observa que posee dicho atractivo físico y social. Ahora bien, cada cara clara tiene su lado oscuro. La verdadera condena debe dirigirse para quien sobrepasa los límites y abusa del hecho de que una mujer sea tenedora de capital erótico y haga uso de él.

En mi propia búsqueda de aquellos aspectos  que definen mi propia noción de feminismo me he topado con el debate interno sobre el capital erótico. ¿Mi posición? Cada una de nosotras tiene que tener la libertad de conocer todos los valores que posee y utilizarlos de cara a conseguir la idea particular de éxito – y por ende, la felicidad –  sin sentirse mal. A poder ser los cuatro, porque somos capaces. Y por ello no tolerar que nadie cruce los límites físicos y verbales del respeto.

 

¿Más inspiración? Continua leyendo.

 

La vida despacio

Debería estar aburriéndome viva, pero me gustaría que leyerais esto. Una de las consignas más extendidas entre nuestra generación de globalistas es la de vivir como si no hubiera un mañana. Living like there is not tomorrow. Se trata de meterse en un engranaje de caza de experiencias, sin parar, sin decir no a ninguna oportunidad, sin parar, sin fronteras. Y lo hacemos porque podemos, porque todo es posible. Impossible is nothing. Ok, hay que aprovechar, porque la realidad ya se encargará de obligarnos a reflexionar, tomar la vida despacio.

El cuerpo y la mente, si son inteligentes, te pedirán bajar de quinta a primera. Siempre recuerdo dos preguntas. La primera, de un profesor de sociología de la facultad formulada en clase ya hace como 10 años. Tocaba digerir el análisis que Zygmunt Bauman hacía de la Modernidad. «¿Qué hay de malo en perder el tiempo?¿No podemos perder el tiempo? «. En aquel entonces, tenía 20 años y mucha ansia de arrancar. La respuesta fue: NO. La segunda de mi padre, hace 3: «¿No sabes estar en el sofá, tumbada, sin hacer nada?».   Justo había roto mi relación con una empresa con la que voluntariamente había pactado seguir descubriendo el mundo – y trabajando – sin parar. Keep discovering. Muy a mi pesar tuve que responderle: NO.

Quizás uno de los mejores encuentros que se puede tener hoy en día – en términos de reflexión – sea con el filósofo coreano Byung-Chul Han. Está vivo, con lo cual lo que publica viene a cuento.

De la lucha contra el SIDA a las enfermedades del alma

En el siglo pasado, la Humanidad luchaba contra el extraño, el otro, el malo y contra las patologías que, procedentes del exterior, atacaban nuestro sistema inmunológico. Como el SIDA. Ahora no tenemos Guerra Fría – ese diálogo entre los buenos (nosotros) y los malos (ellos), dice Byung-Chul Han, pero la que secundamos ahora es caliente y la llevamos por dentro. Las patologías del siglo XXI son las que tratan de acabar con el alma, infartos psíquicos.

Es cierto, acabamos exhaustas de pensar demasiado y de exigirnos mucho a nosotras mismas.  La sociedad que se plantea ahora es la basada en «la obesidad de la comunicación, la información y la producción». Lo dice en su ensayo La Sociedad del Cansancio.

Somos las amas y las esclavas

Si en el pasado era un tercero dominante que nos explotaba, ahora tendemos a explotarnos a nosotras mismas también: offline y online, en una era de la positividad. Si la lucha contra el daño externo lo llevamos más o menos controlado, ahora podemos con todo. Yes, we can. A la disciplina del «deber» se le suma el mantra del «poder». Es una extensión de la eficiencia y productividad del ser humano que con sutileza es violenta y agotadora.

No existe margen para la negatividad, y sí para repetir mil y una veces que estamos bien e incluso podemos exigirnos en el trabajo hasta el infinito, o aguantar la presión social de ser madres o terminar un triatlón. O todo junto. Y no olvidarnos de publicarlo en las redes sociales con una foto y un buen eslogan.

Un mandala como manera de llevar la vida despacio
¿Por qué crees que el índice de mandalas pintados ha crecido un 3000%? Porque es una actividad para frenar, contemplar y, así, descansar la mente

El hecho de eliminar cualquier modo de gestión autoritario, prohibitivo nos otorga a nosotras mismas la responsabilidad de nuestro propio devenir.

Ahora nos deprimimos porque creemos que no estamos a la altura, estamos exhaustas de ser una misma, de pertenecer a nosotras mismas y la soledad – carencia de vínculos con otros – que esto conlleva. Esto de la presión por rendimiento en un contexto de libertad yendo de la mano  del chorro de estímulos informativos al que somos sometidas, hace que nos convirtamos en seres hiperactivos y nos exijamos hasta quedarnos exhaustas, con la concentración de vacaciones y quemadas del alma.

¡Ah! Y en este estilo de vida de exceso en ocupación no cabe el aburrimiento.

No puedo poder más

Eso propone Byung-Chul Han. Sin ser derrotistas, tomarnos un tiempo para decir, «oye, mira que no puedo poder más». Recuperar un poco de negatividad como reacción a los impulsos que nos agotan y situarnos en un estado de excepción.

Así como durante el sueño descansamos el cuerpo es cuando nos aburrimos cuando descansamos la mente y la regeneramos de cara a posteriores esfuerzos mentales, dice el autor. Cuando alcanzamos nuestro punto álgido de relajación espiritual. Y el progreso humano, la cultura y las decisiones más importantes de nuestra vida requieren una concentración profunda y contemplativa.

Eso es, un poco de vida contemplativa. No es más que lo que veíamos antaño en el pueblo o lo que me ha llamado la atención cuando he viajado a países como Costa Rica, Cuba o Vietnam: gente sentada en el portal de casa o un banco haciendo nada más que contemplar satisfechamente lo que tiene delante. La educación de mirar con una profunda atención – no vale a Instagram – lo que se tiene alrededor y poner en pausa la máquina autista de rendimiento. Vivir la vida despacio. Hay muchos y buenos mañanas.

¿Te has aburrido últimamente?

Puedes intentarlo o seguir leyendo otros posts.

6 valores que mi mejor amiga ha aprendido viajando sola

Existen dos líneas. El transcurso de la vida y cómo va reaccionando tu persona. Mi mejor amiga paró para tomarse pulso en un punto en el que el transcurso de la vida parecía a simple vista excelente, pero su persona y su feminidad habían sufrido un desgaste también de nota. Por los motivos que sean, este aspecto no es el eje del post. La cuestión es que se automedicó de la mejor manera: montando una bag pack concienzudamente impecable y viajando sola. Ya lleva cuatro meses.

«¡Qué vida te pegas!», «viajar sola es peligroso para una mujer» o «estar unos meses de viaje puede afectar negativamente a tu carrera profesional» son la voz del pueblo ante este tipo de iniciativas. Con este post pretendo barrer en zigzag los juicios verbales erróneos sobre viajar sola durante unos meses y animar a otras a hacerlo. Ahí van los seis valores (se podrían contar más) que mi mejor amiga ha aprendido viajando sola.

1. Presentarse a sí misma

Por primera vez en su vida, se ha presentado a sí misma. Este es uno de retos personales más temibles que se puede plantear alguien. Abandonó la protección de su hábitat europeo y la certeza de contar con una lista de rasgos que la caracterizan como mujer (un porcentaje de la cual viene descrito por la gente que la rodean).

Planteó un lienzo en blanco que ella y sólo ella ha tenido que pintar con momentos perdición y otros de claridad. Pero a su regreso, no habrá hueco para la duda, ya que se está conociendo de verdad a sí misma y en primera persona.

La mayoría de mujeres deja este mundo sin realizar este duro pero inteligente ejercicio: tomarse un tiempo para un escaneo personal, acompañarse de la absoluta soledad y aceptarse tal y como una es. Y nadie más influye en este proceso.

Mi mejor amiga en una de sus aventuras viajando sola
«Si no te gusta dónde estás, muévete ¡No eres un árbol!». Leído por ahí y aplicable al caso.

2. Optar por la simplicidad

A pesar de que no he visto una mochila (bag pack) más completa y organizada que la suya en mi vida, mi mejor amiga optó por llevarse consigo el mínimo indispensable y confeccionar un presupuesto estricto por día.

Además, está viajando a lugares donde no reinan la superabundancia y los black fridays, sino todo lo contrario: allá donde hay poco, pero no echas de menos nada.  La belleza de un nuevo entorno, amabilidad, aprendizaje, sonrisas, buena comida y cama no faltan. Y, eso es todo. Y, se es feliz.

Ya lo he comentado en otras ocasiones, pero no me cansaré de repetirlo: optar por el minimalismo es una de las mejores tácticas de vida.

3. Actitud resolutiva

No le ha quedado otra. Si se te empapa la mochila de chinches, o planteas una solución o las llevarás tras de ti por el resto de tus días y te picará hasta el iris. Una comida mal encajada, y sólo te queda apañártelas con algo de ayuda médica, una bebida isotónica y  la canción de Piel Canela de Bobby Capó: …y tú y tú y tú y solamente tú.

En un viaje de largo periodo y alejada totalmente del concepto resort, los problemas y las decisiones a tomar también afloran. Y en un principio, tienes que contar con que nadie te va a ayudar. Estos ejemplos le han sucedido a ella y son ligeros, pero prueba a perder el pasaporte o a ser robada en un lugar remoto que no esté cerca de una metrópoli.

A su regreso serán anécdotas que contar a amigos y familia, pero una mujer debe poner la máquina de alta resolución para pasar alguna que otra complicación inesperada.

4. Flexibilidad, adaptación y tendencia a adorar la diversidad

Una vez se alejó de la popular «zona de confort», uno de los primeros signos de evolución que mi mejor amiga me ha mostrado es ser más flexible que el bambú.

Ir saltando cada semana de sociedad en sociedad y entre diferentes climatologías y geografías ha puesto a prueba su capacidad de adaptación en un tiempo récord. Esta poco generalizada cualidad sólo se alcanza si tienes la mente abierta, reseteada y crees firmemente que la más grande maravilla del mundo es la diversidad. Sólo le queda aprovechar y aprender todo el tiempo de la virtuosa diversidad, ya que la curiosidad humilde hacia todo lo que sea diferente le va a acompañar toda la vida.

La impecable organización de mi amiga viajando sola
Prueba de que la bag pack de mi mejor amiga era impecable en lo que organización se refiere.

5. Descubrir que el mundo es seguro

La televisión y la sociedad patriarcal tienen la culpa de que se asocie viajar sola con situación de peligro inminente.

Mi mejor amiga estaba nerviosa los días previos al despegue como mera reacción del organismo hacia lo desconocido. Y posiblemente también estaba aquejada de intranquilidad como consecuencia de los miedos inyectados desde que era niña.

Hablamos constantemente, y todavía no he oído «me siento insegura en este u otro lugar». El día a día del mundo es más seguro de lo que nos cuentan y una mujer sin miedo es un gran fichaje.

Aún así, es conveniente jugar a las superheroínas después de leer lo que tiene que decir el Ministerio de Asuntos Exteriores español  con respecto a los países de destino.

6. Dar a cada cosa la importancia que tiene

He dejado la mejor para el final. Este número seis considero que es resultado de aplicar los cinco valores que menciono arriba.

Ni más ni menos. Darle a cada hecho que acontece la importancia y despacho de energía que realmente se merece ha hecho que mi mejor amiga se libre de la primera causa de estrés en la mujer del Primer Mundo.

Se ha alejado de la perspectiva Occidental por antonomasia de complicar situaciones que a priori son simples. En un solo check-in abandonó la categoría de «gata dramática».  Y sinceramente deseo que sea uno de sus valores más perennes.

Este post viene directamente influenciado por el amor que le tengo a mi hermana de alma. Sin embargo, nadie me podrá jamás discutir que, viajando sola, mi mejor amiga va a volver a casa con atractivos dividendos. Eso sí, echa de menos Valencia desde el día número 15. De eso no la culpo.

Gracias por la lectura. ¡Te invito a continuar!

 

 

 

 

 

Ser mujer, la Virgen de Montserrat y el bocadillo de longaniza

¿Ser mujer? Tengo delante a la Virgen de Montserrat dibujada sobre azulejos de cerámica. «Reza por nosotros», le acompaña esta inscripción. Mientras miro lo negra que está, por eso le llaman la Moreneta, me como un bocadillo de longaniza típica catalana. El resto de visitantes meten en máquinas insert coin 3 monedas de euro para comprar una vela y encendérsela para pedirle de todo en voz baja. Si no tienes suelto, tranquila, hay máquinas de cambio.

Opto por un #fuckthesystem y pienso que, entre mi entrega hacia la Moreneta y la riquísima longaniza, seguro que salgo con más energía que todo el grupo de coreanas que tengo al lado juntas. Ser mujer es eso: hacer lo que quieras dentro de la legalidad e intentar mantenerte fuerte. Y rodearte de mujeres y hombres que te quieran fuerte. Ser persona es eso.

Ser mujer y la Virgen de Montserrat
Y me entregué a la Patrona, la Virgen de Montserrat comiéndome un bocadillo de longanizas. Ella me entendió seguro.

Todavía tengo el recuerdo de ser niña de unos padres liberales y notar absolutamente nada sobre diferencia de género. Nada, ni la más mínima sensación. Hacía lo que me interesaba teniendo en cuenta las obligaciones para conmigo misma. Mi entorno me daba luz verde, me protegía y me animaba a ser una niña libre, consciente de mí misma, fuerte y competente, niña sin género.

Y me fui haciendo mayor con la máxima de que una de las mayores oportunidades que te da la vida es la de acumular experiencias. Y tienes todo un extenso catálogo por delante si eres libre, curiosa y valiente.

La rutina de género

Lamentablemente, una sigue con la máxima que he mencionado antes, pero se tropieza con terceros que tienen todo un ideario diferente sobre la mujer. Un compañero de trabajo que consideras tu amigo y te dice que eres espectacular e insinúa que si tienes relaciones sexuales con él hará lo posible por realizar tus deseos profesionales. O un cliente árabe que te sugiere que te pongas las pilas porque tienes 26 años y no te has casado con un hombre. U otro que se cree que está autorizado para tocarte la pierna por el simple hecho de ser una chica agradable y sonriente. O te explayas con el alcohol rodeada de tus amigxs porque la rumorología terrorística cuenta que, si te rodeas de la gente equivocada y por ser mujer, puedes acabar con droga en tu copa de Don Perignon y violada en el desierto. O un compañero de equipo en sus cuarenta te responde «a ver, niña, que no sabes» cuando le das indicaciones cuando, lo que en realidad sucede, es que no soporta que una mujer joven juega un rol superior en la jerarquía.

Pasas estos obstáculos y, es más, cuidas y regulas tu autoestima hacia arriba para que cuando te llegue el próximo sepas darle un raquetazo más elegante, sutil y efectivo.

Ser mujer y mirarnos como seres libres
Una de nuestras obligaciones de ser mujer es mirarnos y entender que somos libres dentro de la legalidad. Punto

Más de mil al año, 3 al día, una cada 8 horas

Esta es la estadística actual acerca de la violación sexual a la mujer.

Sería un error, y sucede a veces, que rebajes tu grado de libertad con el que te definiste y te educaron desde pequeña. Llegan fechas como el 25 aniversario de la muerte de las niñas de Alcàsser. Y coincide que se hace un seguimiento judicial sobre lo que le ocurrió a una chica de 18 años en los San Fermines de 2016. Como en cualquier batalla por una mejora de la Humanidad, de la mujer, estos son cañonazos. Son casos muy graves.

A la víctima del suceso en los San Fermines va dedicada esta reflexión. Se le está cuestionando por su capacidad de hacer lo que le dé la gana, de ser curiosa a sus tempranos 18 años aunque esto le llevara a un exceso de alcohol y pérdida de autocontrol, cosa a nos ha pasado a cualquiera. Tuvo la mala suerte de caer en el hocico de 5 delincuentes adultos que le intercambiaron la libertad de experimentar y disfrutar con abuso y violencia sexual. Y lo hicieron porque era mujer. Porque almas borrachas solitarias y vulnerables en los San Fermines hay cientos. ¿No opuso resistencia? El primer código ante un caso de asalto es no oponer resistencia, puesto que las consecuencias serían peores. ¿Está feliz y contenta en las redes sociales? Yo lo llamo actitud de superviviente.

Es un delito abusar sexualmente de una mujer y negar su libertad de elección y su integridad como ser humano. No caben segundas lecturas en el reverso. Y punto. Así que #yotecreo bonita, y tanto que te creo.

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RESET ESPAÑA: la verdad de las que estamos en medio

De esto hay que escribir en frío y descansada. Si lo haces en caliente y hastiada pasa como todo hecho cotidiano, te dejas llevar más por la pasión que por la razón y pierdes una de las cualidades más difíciles de conservar: el sentido común. No era el número 10, sino el título comercial «1O» (1 de octubre de 2017). Ha sido una quincena dura para el sentido común de aquellas que amamos España con pasión, pero queremos dirigirla con la razón. Las que estamos en medio. Las que creemos que lo que se necesita es seleccionar la siguiente opción: RESET ESPAÑA.

Y con nuestros más y menos, y con nuestras pequeñas diferencias – que seguro que las hay – somos la mayoría. Si no una mayoría, un grupo lo suficientemente grande como para que tengamos voz. Y para que reaccionemos.

Reset España bandera
Si tuviera que sacar una bandera a lucir al balcón sería esta

No voy a inflaros con datos, porcentajes, actualidad o pronósticos, de historia y del pasado, de esta u otra ideología, porque de esa pasta creo que ya hemos comido todas estas dos semanas, e incluso «tripitido» plato.

Los hechos ocurridos en Cataluña han sido una sucesión de bofetadas mentales por derecha y por izquierda, y del derecho y del revés. Han caído por doquier, hasta saturar, pero lejos de doler, han sido de esas bofetadas que aportan claridad: no es Cataluña la que necesita una solución, es el Estado español el que tiene que redefinirse de forma urgente. De ahí el RESET.

Voy a intentar señalar el mayor número de verdades posibles que envuelven a la España actual y su relación con Catalunya , de esas que se amparan en el sentido común. Y al sentido común no lo contradice nada. Allá voy, bien serena:

Demasiada complejidad como para hablar de «buenos y malos»

España es uno de mis grandes amores y no tengo nada que ver con el nacionalismo rancio español; me gusta y tengo afinidad con Cataluña y no quiero su independencia.

Mi posición molesta y es normal.  Y, con ello, mi posición queda descartada porque no participo de la técnica de manipulación por antonomasia: la de crear dos bandos, el bando de los buenos y el bando de los malos.

Con toda la tranquilidad y la cabeza alta: NO. Esta casuística política, que extiende sus tentáculos a todas las demás esferas -desde la familiar, a la deportiva o económico – es demasiado compleja como para simplificarla a la altura de argumento de videojuego arcade.

¿Por qué me posiciono de esta manera?

La diferencia entre una identidad sana y un nacionalismo desfasado

Entre otros rasgos, la identidad de cualquier persona viene marcada por la pertenencia a un área geográfica y cultural determinada. Es sano que así sea.

Pequeño inciso en la definición de identidad: ésta es una creación humana para otorgar al ser humano la tranquilidad y estabilidad de pertenecer a un grupo de apoyo. Las identidades no son otorgadas por ningún ente divino – Dios o similares – ni son superdotadas con la supremacía. Si pensabas así, olvídalo.

Otro pilar fundamental – y que involucra directamente al comportamiento – es el de respetar y aprender de la identidad del prójimo. De algunos de los catalanes me gusta aprender de su desarrollado civismo, dedican muchísimo tiempo y esfuerzo a ejercer su función de ciudadano, por ejemplo. Tienen una capacidad de organización cívica brutal.

Soy profundamente valenciana. Aunque tuve épocas de mayor folklore, que sacrifiqué con experimentar la vida en otros lares, cuido mi lengua materna que es el valenciano, es mi prioridad ejercer mi papel como valenciana para que exigir que mi región tenga lo que se merece y estoy orgullosa de la idiosincrasia de la buena valenciana: humilde, trabajadora, divertida, presumida y puro fuego. No abandonaré esta parte de mi identidad jamás ni permitiré que nadie la atrofie.

En un medidor de identidad, posiblemente consiguiera más puntuación que un catalán. Lo que decidí no hacer es politizar esta importante parte de mi identidad. La Corona de Aragón era la soberana de aquellos tiempos del siglo XIII e incluía un Principado de Cataluña y el Reino de Valencia. Juntos nos fue relativamente bien, ¿y qué? Estamos en el 2017.

Cuando politizas esta parte de tu persona caes en el nacionalismo. El nacionalismo comete precisamente cuatro pecados: la creación de dos bandos, la manipulación de la Historia, el sentimiento de supremacía y el desprecio hacia el otro. Y además, genera odio. Todo un desfase inaceptable e intolerable para un Estado Español que firmó en 1978 un compromiso con los valores positivos que he señalado hasta ahora.

Firmamos por la garantía de las diferentes nacionalidades

Yo particularmente no firmé por una democracia que «garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas» – Artículo 2 -. Yo no existía.

La Constitución la firmaron otros y me educaron para que creyera en ella y la obedeciera. Pero parecer ser que algunos toman la Constitución Española como un texto para animar la nochevieja de 1978.

Cuarenta años casi y a la Constitución se la ha hecho crecer y madurar muy poco. Se la ha malquerido y usado bajo la conveniencia por una serie de individuos que deben cuidar de no pasarse, porque su fecha de caducidad si no ha llegado, está al caer. De ahí el término «la España rancia».

Una gran parte de la población hemos evolucionado mentalmente tanto, que no encajamos en el esquema español actual. Y resulta muy frustrante. Desacredito el tufo residual de la España de Castilla y Aragón y de la legalidad al estilo franquista que todavía existe, y que pasa de generación en generación. A las nuevas fuerzas políticas se les otorgó confianza y han inhalado del tufo. Soy española todavía no representada.

Actúo e intento opinar desde el sentido común. Estoy orgullosa de mi España, de la España diversa. Esta diversidad geográfica y cultural es de envidia de calibre mundial, teniendo en cuenta que nuestro territorio es de tamaño medio-pequeño. Gestionar una Nación de Naciones, que es a lo que ha evolucionado nuestro país, es una tarea increíblemente difícil. Y más si no se modifican los pilares que lo sustentan.

A fecha de octubre de 2017, quiero que la clase política se renueve de una manera sin precedentes, enfatizo en que el Jefe de Estado – el Rey – es un ciudadano más que debe trabajar por los españoles hasta caerse muerto – si no, búscate un trabajo – y recuerdo que la soberanía de España es de la totalidad de los ciudadanos españoles. Las cuestiones que se planteen en el vecindario las decidimos entre todos. Todas las cuestiones sin excepción.

Nos equivocamos de foco. La solución pasa por Madrid antes de pasar por Cataluña.

Quiero que me pregunten de manera oficial: ¿qué clase de España quieres, hija soberana de España?

Gracias por llegar hasta aquí. Puedes saltar a inicio y conocer cuál es el propósito de este blog.

 

 

 

Sin vuestro permiso, una mujer valiente: mi habibti Lili

Sabía de ella porque tenemos una buena amiga en común y ésta me envío un vídeo en el que se presentaba y me comunicaba alegre(un poco ebria, piripi) que ojalá nos conociéramos en persona pronto. Estaban en una fiesta en un lugar donde nadie quiere estar. Es una mujer valiente a la que tenía muchísimas ganas de conocer también.

¡Y recientemente la conocí! Compartimos unos días porque visitó España, por primera vez, y casi nos toca empadronarla en Burgos porque en España ha sido feliz (y así, de paso, combatíamos el envejecimiento de Castilla). Nos mostró su simpatía por el gin tonic y rechazo al cava. Devoró el jamón, pero no se terminó el plato de cochinillo en Segovia, aunque dijo que el sabor de la piel crujiente del animal le «flipó». Su piel caramelo, melena negra y ojos profundos maquillados con lentillas de color verde la delataban, pero su actitud bien la hubiera hecho pasar por Mari Carmen.

Ante esta introducción me preguntaréis. Bueno ¿por qué dices que es una mujer valiente? Mi querida amiga Lili es de Arabia Saudí.

Hija de Arabia Saudí, el wuahabismo y el cinismo occidental

Voy a ser lo más discreta posible. Apodo falso, edad aproximada y su testimonio. Nada más. Pero os tenía que hablar de ella. Ambas nos encontramos en nuestra temprana treintena y tenemos la actitud progresista y liberal en común. Pero nuestro lugar de nacimiento marca el contraste: yo he tenido (en ocasiones demasiada) autonomía para tomar mis propias decisiones, y ella siempre ha requerido del permiso de su padre (o el de su exmarido) para definirse como persona, para moverse en su día a día.

Lili es hija del país con la segregación de género más descarada e indignante del panorama actual. Para tratar de entender porqué Arabia Saudí es una mezcla entre dolor de ovarios y migraña intensa para el liberalismo femenino, debo explicarte qué es el wuahabismo.

Mujer valiente y feminismo en Arabia Saudí
Esta es una imagen que Lili comparte en uno de los perfiles de sus redes sociales, acceso limitado a amigos que comparten sus ideales

El wuahabismo es la corriente político-religiosa más extrema del Islam. Hoy en día se la culpa de ser el código ideológico del Estado Islámico. Y tuvo su mismísima cuna en Arabia Saudita en el siglo XVIII. Como ocurrió en el Mediterráneo y Oriente Medio, los Otomanos apretaban y había que reaccionar.

Por lo tanto, el wuahabismo fue más un movimiento político creado por los intereses de un par de patriarcas machistas, una corriente ideológica creada por individuos y no por el Q’ran o el Islam. Como siempre, y debe sonar familiar porque también la ha sufrido la mujer aquí, el wuahabismo es resultado del uso de la religión para fines políticos que los agentes sociales y religiosos no han tenido iniciativa de hacerla evolucionar. Los medios y gobiernos occidentales, por su parte, han jugado siempre un papel secundario en la creación y crianza de este monstruo malo, por supuesto.

Todo esto es lo que atosiga a mi qalbi habibti (querida amiga) Lili. La mujer ha pasado por las mismas duras sociedades patriarcales en Occidente y en Oriente, pero Lili y yo hemos crecido en lugares que llevan tiempos diferentes.

¿Cómo llegó entonces Lili a España de vacaciones?

Lili es una feminista liberal en potencia, pero elegante y sutil. Fuimos de compras juntas por Madrid y al sacar la cartera para pagar me enseñó con orgullo su licencia de conducir emitida por el Estado de Florida, Estados Unidos. Allí residió durante 4 años con el permiso de su padre.

Aproveché la ocasión para hacerle preguntas que esperaban consolar una respuesta dramática. Me las tumbaba todas. Estuvo casada. Con su primo. «¿Qué fue, un matrimonio dictado por tu familia?» «Para nada, me casé con él por amor. Vivimos en Canadá, me pegaba pero el sexo era increíble. Todo se estropeó cuando nos echaron del país porque consumimos el visado».

No paraba de mirar y escribir por el móvil. Por una parte, contestaba a los mensajes de cariño de su novio americano. Existen dos lugares donde se puede hacer fiesta en Saudí: las embajadas y los bares ilegales. Supongo que lo conoció allí. Y por otra, intentaba callar a su hermana. «Sospecha que no estoy en Arabia Saudí». Había podido salir del país para viajar a España con el permiso de su padre porque tenía que «acudir a un congreso por trabajo». Y el resto del tiempo ausente estaría «visitando a una amiga en Riyadh». «Eres una perla subversiva», le dije mientras reíamos.

¿Y el malo de la película? El Rey Abdullah bin Abdulaziz

Durante nuestra comida en grupo en Segovia, vino y cerdo desapareciendo a trago y bocado limpio, le preguntamos qué opinaba de su Rey.

«La situación de la mujer en Arabia Saudí no es la ideal ni de lejos, pero yo lamenté la muerte del rey Abdullah». Esto tiene una explicación: el Rey Abdullah bin Abdulaziz murió en enero de 2015. Este señor ha sido considerado el monarca más liberal de todos los que el bendito país ha visto. Aunque el liberalismo que aportó se pueda traducir en un nanogramo, un microápice de lo que debería ser, el Rey Abdullah ha sido promotor de un controlado desarrollo de la mujer.

Mujer de Arabia Saudí vistiendo abaya
Mujer saudí vestida con la abaya obligatoria que deben «lucir» las mujeres de Arabia Saudí en espacios públicos. La moda llega hasta ahí e incluso diseñadores ya aplican hasta color a los tejidos

Su verdadero interés era el desarrollo de la población activa saudí y su integración en puestos cualificados a medio-largo plazo. Y, así, de manera paulatina, ir echando del país a los expatriados una vez el país ya no los necesite para crecer. Y la mujer representa una gran parte de la población activa potencial. De esta manera, muchos/as jóvenes han podido salir del país a gastos pagados para estudiar y gozarla gracias a convenios con Estados Unidos o Reino Unido. Lili estudió diseño gráfico y, posteriormente, desarrollo web. Actualmente trabaja en Arabia Saudí.

Aunque muchas decisiones con respecto a los derechos de la mujer en Arabia Saudí han sido tomadas como simbólicas (como la introducción de mujeres en gobiernos locales), la «ligereza» del Rey Abdullah ha sido bien aprovechada por mujeres inteligentes como Lili.

«Tenemos esperanzas de mejorar más con el Rey actual, Salman bin Abdulaziz. Él es un poco más liberal».

No quería agobiarla, así que cerré el turno de preguntas y preferí que disfrutara de su experiencia en España. «Sólo quiero dejar de tener un Guardián, mi padre, que tenga que autorizar todos mis pasos. No puedo más. Y conducir, me muero por ir donde me dé la gana sola con mi coche». El resto de su viaje se lo pasó bailando Despacito y otros derivados del reggaeton sola, o en compañía.

Creo que he hecho una gran amiga y que Lili, tarde o temprano, podrá finalmente conducir sola y disfrutar de plena autonomía. Eso sí, una vez consiga el carnet de conducir, sólo le quedará aguantar toda una vida a hombres con la odiosa sentencia de que las mujeres conducimos peor. Ese es el siguiente paso. Cuando le dije eso se rió como si no hubiera mañana. Poco a poco Lili.

Entre otras misiones, este blog tiene como objetivo destacar el perfil de mujeres anónimas y genuinas. ¡Continua leyendo!