El cuarto valor, ¿qué es el capital erótico?

Las mujeres somos cada vez más poderosas. O, al menos, sí tenemos el conocimiento para posicionarnos en el camino hacia el éxito personal y herramientas para cargarnos algún obstáculo que otro. Sin embargo, uno de nuestros mayores valores tiende a condenarse por la sociedad patriarcal y al feminismo tradicional también le chirría hablar sobre él. En mi búsqueda sobre un feminismo más real y positivo que entre al debate, voy a intentar hablar claro sobre qué es el capital erótico. Aunque voy a intercalar el término frío «capital» con «valor» 😉

Soy crítica de muchos aspectos del sistema neoliberal. Pero éste me da la libertad de precisamente criticarlo y vivirlo a mi manera. Sirva este inciso para no tacharme de mercantilista por lo que voy a humildemente explicar.

Dinero, qué sabes, a quién conoces y… ¿nada más?

En el actual sistema, el filósofo Pierre Burdeau nos explicó que las jugadoras contamos con tres tipos de valores – o de capital- para alcanzar el éxito personal: el dinero – obvio, mal que pese-, qué sabemos y a quién conocemos. Fueron bautizados como capital económico, capital cultural y capital social, respectivamente en su teoría.

El dinero es un factor que viene predeterminado en muchos casos por azar y cuna. La iniciativa por una buena formación y experiencia profesional, y el popular networking son decisiones que las mujeres tomamos desde hace pocas décadas en España.

Hasta aquí de acuerdo con Burdeau. Independientemente del estilo de vida que escojamos, y aplicable a cualquier nivel de ambición, estos tres capitales son como tres carriles hacia el triunfo en la pesquisa. Pero al francés se le escapó un cuarto valor en la partida. ¿Puritanismo quizás?

Capital erótico: el ignorado cuarto valor

No puedo desarrollar lo dicho en el subtítulo sin induciros a que desmarquéis lo que viene a continuación de cualquier relación con la raza y la condición sexual. Va totalmente desligado del tema de la explotación sexual.

¿Qué dirías que es el capital erótico? La respuesta común sería «utilizar la belleza sexual para conseguir el éxito propio de estilos de vida como la publicidad, las artes y el espectáculo».

Sí, pero no. En 2009, la socióloga británica Catherine Hakim estrenó el término capital erótico para referirse a la atracción sexual y social que emana una persona. Por supuesto que incluye la belleza y el sex appeal, pero también el encanto, las habilidades sociales, la confianza en una misma, la vivacidad, el estar en forma, las competencias sexuales – estrictamente dentro del ámbito íntimo y privado- y las habilidades en la presentación física de una misma – los adornos. Y las mujeres, simplemente, hemos trabajado más duro que los hombres en este aspecto. Porque representa todo un curro.

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Hakim señala la aparición y evolución de la fotografía digital como razón por la cual ha surgido la necesidad de que la sociología y la economía tengan en cuenta el capital erótico, y no sólo el show business. Sin ser conscientes, al tener la capacidad de mostrarnos públicamente a cada segundo, hemos estado incrementando el tiempo dedicado a potenciar nuestro capital erótico.

Y desde las empresas de cualquier industria que busquen una buena atención al cliente hasta potenciales personas interesadas en tener una relación tienen en cuenta el valor erótico.

La «estúpida» condena para el valor erótico

Hakim define como «estúpida» la condena social propia del puritanismo y la sociedad patriarcal hacia aquellas que poseen capital erótico y deciden usarlo para alcanzar su idea de éxito.

Quien critica a Kim Kardashian no ve que ella ha sabido leer el sistema y crear un imperio millonario a partir exclusivamente de su capital erótico, así como George Clooney lo ha estado haciendo toda su vida.

Traducido al mapa español, quien condena a una reportera sin formación académica para el puesto por aparecer en el programa especial de Fin de Año prácticamente desnuda y hacer el papel de tonta-guapa en su día a día no debería hacerlo.

Una buena causa será más seguida si la defiende una mujer con alto valor erótico. Un proyecto ambicioso contará con luz verde si la persona que lo presenta cuenta con la amalgama de características que incluye el concepto de capital erótico.

Amal Clooney Alamuddin como ejemplo de qué es el capital erótico y el papel que juega dentro del éxito personal
La abogada Amal Clooney Alamuddin como ejemplo de qué es el capital erótico y el papel que representa dentro del éxito personal

De acuerdo, pero en desacuerdo. Uno, porque reniego de los totalitarismos y la tendencia hacia los extremos tipo Kim Kardashian. La respeto, pero no es un modelo ideal de mujer para mí ni las mujeres que admiro creo que serían sus amigas . Su figura contiene capital erótico – fabricado – parcial.  Lo mismo para la traducción a la española que he citado arriba. Y dos, porque las mujeres somos capaces de trabajar por el desarrollo de los cuatro valores: el económico, el cultural, el social y el erótico. Ejemplo: la abogada Amal Clooney Alamuddin. O que, y volviendo al mapa español, un canal de televisión potencie el capital erótico de sus presentadoras de informativos, en tanto que es obvio que no se quedan cojas del resto de capitales.

He presentado la cara clara del concepto de capital erótico  e invito a tenerlo en cuenta si una mujer observa que posee dicho atractivo físico y social. Ahora bien, cada cara clara tiene su lado oscuro. La verdadera condena debe dirigirse para quien sobrepasa los límites y abusa del hecho de que una mujer sea tenedora de capital erótico y haga uso de él.

En mi propia búsqueda de aquellos aspectos  que definen mi propia noción de feminismo me he topado con el debate interno sobre el capital erótico. ¿Mi posición? Cada una de nosotras tiene que tener la libertad de conocer todos los valores que posee y utilizarlos de cara a conseguir la idea particular de éxito – y por ende, la felicidad –  sin sentirse mal. A poder ser los cuatro, porque somos capaces. Y por ello no tolerar que nadie cruce los límites físicos y verbales del respeto.

 

¿Más inspiración? Continua leyendo.

 

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