RESET ESPAÑA: la verdad de las que estamos en medio

De esto hay que escribir en frío y descansada. Si lo haces en caliente y hastiada pasa como todo hecho cotidiano, te dejas llevar más por la pasión que por la razón y pierdes una de las cualidades más difíciles de conservar: el sentido común. No era el número 10, sino el título comercial «1O» (1 de octubre de 2017). Ha sido una quincena dura para el sentido común de aquellas que amamos España con pasión, pero queremos dirigirla con la razón. Las que estamos en medio. Las que creemos que lo que se necesita es seleccionar la siguiente opción: RESET ESPAÑA.

Y con nuestros más y menos, y con nuestras pequeñas diferencias – que seguro que las hay – somos la mayoría. Si no una mayoría, un grupo lo suficientemente grande como para que tengamos voz. Y para que reaccionemos.

Reset España bandera
Si tuviera que sacar una bandera a lucir al balcón sería esta

No voy a inflaros con datos, porcentajes, actualidad o pronósticos, de historia y del pasado, de esta u otra ideología, porque de esa pasta creo que ya hemos comido todas estas dos semanas, e incluso «tripitido» plato.

Los hechos ocurridos en Cataluña han sido una sucesión de bofetadas mentales por derecha y por izquierda, y del derecho y del revés. Han caído por doquier, hasta saturar, pero lejos de doler, han sido de esas bofetadas que aportan claridad: no es Cataluña la que necesita una solución, es el Estado español el que tiene que redefinirse de forma urgente. De ahí el RESET.

Voy a intentar señalar el mayor número de verdades posibles que envuelven a la España actual y su relación con Catalunya , de esas que se amparan en el sentido común. Y al sentido común no lo contradice nada. Allá voy, bien serena:

Demasiada complejidad como para hablar de «buenos y malos»

España es uno de mis grandes amores y no tengo nada que ver con el nacionalismo rancio español; me gusta y tengo afinidad con Cataluña y no quiero su independencia.

Mi posición molesta y es normal.  Y, con ello, mi posición queda descartada porque no participo de la técnica de manipulación por antonomasia: la de crear dos bandos, el bando de los buenos y el bando de los malos.

Con toda la tranquilidad y la cabeza alta: NO. Esta casuística política, que extiende sus tentáculos a todas las demás esferas -desde la familiar, a la deportiva o económico – es demasiado compleja como para simplificarla a la altura de argumento de videojuego arcade.

¿Por qué me posiciono de esta manera?

La diferencia entre una identidad sana y un nacionalismo desfasado

Entre otros rasgos, la identidad de cualquier persona viene marcada por la pertenencia a un área geográfica y cultural determinada. Es sano que así sea.

Pequeño inciso en la definición de identidad: ésta es una creación humana para otorgar al ser humano la tranquilidad y estabilidad de pertenecer a un grupo de apoyo. Las identidades no son otorgadas por ningún ente divino – Dios o similares – ni son superdotadas con la supremacía. Si pensabas así, olvídalo.

Otro pilar fundamental – y que involucra directamente al comportamiento – es el de respetar y aprender de la identidad del prójimo. De algunos de los catalanes me gusta aprender de su desarrollado civismo, dedican muchísimo tiempo y esfuerzo a ejercer su función de ciudadano, por ejemplo. Tienen una capacidad de organización cívica brutal.

Soy profundamente valenciana. Aunque tuve épocas de mayor folklore, que sacrifiqué con experimentar la vida en otros lares, cuido mi lengua materna que es el valenciano, es mi prioridad ejercer mi papel como valenciana para que exigir que mi región tenga lo que se merece y estoy orgullosa de la idiosincrasia de la buena valenciana: humilde, trabajadora, divertida, presumida y puro fuego. No abandonaré esta parte de mi identidad jamás ni permitiré que nadie la atrofie.

En un medidor de identidad, posiblemente consiguiera más puntuación que un catalán. Lo que decidí no hacer es politizar esta importante parte de mi identidad. La Corona de Aragón era la soberana de aquellos tiempos del siglo XIII e incluía un Principado de Cataluña y el Reino de Valencia. Juntos nos fue relativamente bien, ¿y qué? Estamos en el 2017.

Cuando politizas esta parte de tu persona caes en el nacionalismo. El nacionalismo comete precisamente cuatro pecados: la creación de dos bandos, la manipulación de la Historia, el sentimiento de supremacía y el desprecio hacia el otro. Y además, genera odio. Todo un desfase inaceptable e intolerable para un Estado Español que firmó en 1978 un compromiso con los valores positivos que he señalado hasta ahora.

Firmamos por la garantía de las diferentes nacionalidades

Yo particularmente no firmé por una democracia que «garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas» – Artículo 2 -. Yo no existía.

La Constitución la firmaron otros y me educaron para que creyera en ella y la obedeciera. Pero parecer ser que algunos toman la Constitución Española como un texto para animar la nochevieja de 1978.

Cuarenta años casi y a la Constitución se la ha hecho crecer y madurar muy poco. Se la ha malquerido y usado bajo la conveniencia por una serie de individuos que deben cuidar de no pasarse, porque su fecha de caducidad si no ha llegado, está al caer. De ahí el término «la España rancia».

Una gran parte de la población hemos evolucionado mentalmente tanto, que no encajamos en el esquema español actual. Y resulta muy frustrante. Desacredito el tufo residual de la España de Castilla y Aragón y de la legalidad al estilo franquista que todavía existe, y que pasa de generación en generación. A las nuevas fuerzas políticas se les otorgó confianza y han inhalado del tufo. Soy española todavía no representada.

Actúo e intento opinar desde el sentido común. Estoy orgullosa de mi España, de la España diversa. Esta diversidad geográfica y cultural es de envidia de calibre mundial, teniendo en cuenta que nuestro territorio es de tamaño medio-pequeño. Gestionar una Nación de Naciones, que es a lo que ha evolucionado nuestro país, es una tarea increíblemente difícil. Y más si no se modifican los pilares que lo sustentan.

A fecha de octubre de 2017, quiero que la clase política se renueve de una manera sin precedentes, enfatizo en que el Jefe de Estado – el Rey – es un ciudadano más que debe trabajar por los españoles hasta caerse muerto – si no, búscate un trabajo – y recuerdo que la soberanía de España es de la totalidad de los ciudadanos españoles. Las cuestiones que se planteen en el vecindario las decidimos entre todos. Todas las cuestiones sin excepción.

Nos equivocamos de foco. La solución pasa por Madrid antes de pasar por Cataluña.

Quiero que me pregunten de manera oficial: ¿qué clase de España quieres, hija soberana de España?

Gracias por llegar hasta aquí. Puedes saltar a inicio y conocer cuál es el propósito de este blog.

 

 

 

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