Ser mujer, la Virgen de Montserrat y el bocadillo de longaniza

¿Ser mujer? Tengo delante a la Virgen de Montserrat dibujada sobre azulejos de cerámica. «Reza por nosotros», le acompaña esta inscripción. Mientras miro lo negra que está, por eso le llaman la Moreneta, me como un bocadillo de longaniza típica catalana. El resto de visitantes meten en máquinas insert coin 3 monedas de euro para comprar una vela y encendérsela para pedirle de todo en voz baja. Si no tienes suelto, tranquila, hay máquinas de cambio.

Opto por un #fuckthesystem y pienso que, entre mi entrega hacia la Moreneta y la riquísima longaniza, seguro que salgo con más energía que todo el grupo de coreanas que tengo al lado juntas. Ser mujer es eso: hacer lo que quieras dentro de la legalidad e intentar mantenerte fuerte. Y rodearte de mujeres y hombres que te quieran fuerte. Ser persona es eso.

Ser mujer y la Virgen de Montserrat
Y me entregué a la Patrona, la Virgen de Montserrat comiéndome un bocadillo de longanizas. Ella me entendió seguro.

Todavía tengo el recuerdo de ser niña de unos padres liberales y notar absolutamente nada sobre diferencia de género. Nada, ni la más mínima sensación. Hacía lo que me interesaba teniendo en cuenta las obligaciones para conmigo misma. Mi entorno me daba luz verde, me protegía y me animaba a ser una niña libre, consciente de mí misma, fuerte y competente, niña sin género.

Y me fui haciendo mayor con la máxima de que una de las mayores oportunidades que te da la vida es la de acumular experiencias. Y tienes todo un extenso catálogo por delante si eres libre, curiosa y valiente.

La rutina de género

Lamentablemente, una sigue con la máxima que he mencionado antes, pero se tropieza con terceros que tienen todo un ideario diferente sobre la mujer. Un compañero de trabajo que consideras tu amigo y te dice que eres espectacular e insinúa que si tienes relaciones sexuales con él hará lo posible por realizar tus deseos profesionales. O un cliente árabe que te sugiere que te pongas las pilas porque tienes 26 años y no te has casado con un hombre. U otro que se cree que está autorizado para tocarte la pierna por el simple hecho de ser una chica agradable y sonriente. O te explayas con el alcohol rodeada de tus amigxs porque la rumorología terrorística cuenta que, si te rodeas de la gente equivocada y por ser mujer, puedes acabar con droga en tu copa de Don Perignon y violada en el desierto. O un compañero de equipo en sus cuarenta te responde «a ver, niña, que no sabes» cuando le das indicaciones cuando, lo que en realidad sucede, es que no soporta que una mujer joven juega un rol superior en la jerarquía.

Pasas estos obstáculos y, es más, cuidas y regulas tu autoestima hacia arriba para que cuando te llegue el próximo sepas darle un raquetazo más elegante, sutil y efectivo.

Ser mujer y mirarnos como seres libres
Una de nuestras obligaciones de ser mujer es mirarnos y entender que somos libres dentro de la legalidad. Punto

Más de mil al año, 3 al día, una cada 8 horas

Esta es la estadística actual acerca de la violación sexual a la mujer.

Sería un error, y sucede a veces, que rebajes tu grado de libertad con el que te definiste y te educaron desde pequeña. Llegan fechas como el 25 aniversario de la muerte de las niñas de Alcàsser. Y coincide que se hace un seguimiento judicial sobre lo que le ocurrió a una chica de 18 años en los San Fermines de 2016. Como en cualquier batalla por una mejora de la Humanidad, de la mujer, estos son cañonazos. Son casos muy graves.

A la víctima del suceso en los San Fermines va dedicada esta reflexión. Se le está cuestionando por su capacidad de hacer lo que le dé la gana, de ser curiosa a sus tempranos 18 años aunque esto le llevara a un exceso de alcohol y pérdida de autocontrol, cosa a nos ha pasado a cualquiera. Tuvo la mala suerte de caer en el hocico de 5 delincuentes adultos que le intercambiaron la libertad de experimentar y disfrutar con abuso y violencia sexual. Y lo hicieron porque era mujer. Porque almas borrachas solitarias y vulnerables en los San Fermines hay cientos. ¿No opuso resistencia? El primer código ante un caso de asalto es no oponer resistencia, puesto que las consecuencias serían peores. ¿Está feliz y contenta en las redes sociales? Yo lo llamo actitud de superviviente.

Es un delito abusar sexualmente de una mujer y negar su libertad de elección y su integridad como ser humano. No caben segundas lecturas en el reverso. Y punto. Así que #yotecreo bonita, y tanto que te creo.

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