Viajar a Cuba: el arroz a la cubana es comida de putas y otras historias

 

 

Viajar a Cuba ha sido la suerte de mi vida. Creo que resolví el gran misterio. Después de 13 días al trote del «colectivo» (vehículo compartido) por la mitad oeste de Cuba, nos encontrábamos dónde empezamos. Sentadas en el Café Lamparilla en la Habana Vieja, ya no pude más. Le pregunté al músico que ameniza los cafés si el arroz a la cubana salió de Cuba o alguien pobre en España lo inventó, como toda buena comida. «¡Claro que sí, mi niña! El arroz a la cubana es comida de putas. Rápida, rica y nunca falla. Jajája (risa gorda)».

Viajar a Cuba: buzón de Correos en La Habana
Me quedo con esta combinación de colores de los miles que vi en Cuba

Así es Cuba: ácida, caliente, con una respuesta a todo. También es humilde, digna, preciosa, artista, empezando a descongelarse en el tiempo.

A Cuba se la trata bien y se la respeta. Y no se la debe visitar con cualquiera. Cuba sabe cuándo has elegido el momento de tu vida y la persona correctos para atreverte a pasar. Al menos así me pasó a mí: marzo del 2017 con mi amiga del alma.

Viajar a Cuba: el mejor look de la Habana Vieja
Uno de los mejores looks de la Habana Vieja fue el de esta señora que trabaja en la limpieza, pero me concedió un poco de su tiempo para que le hiciera esta foto y le diera el diploma verbal

Esta es mi crónica. Como siempre, dejo lo esencial para Lonely Planet.

La Habana: capital de la resiliencia

Nos alojamos en Centro Habana, pasando la entrada del «barrio chino». Esta fue la primera cara de Cuba que vimos: escombros, puertas abiertas, casas de estilo colonial que vieron mejor época en el pasado y la gente en la calle hablando de poco dinero y riendo de lucha cuotidiana o sentada en el portal contemplando la vida. El humo de los Cadillac, Buick, Ford de los años 50 te raspaba la fosas nasales y los ojos pedían que los frotaras duro..Otra dimensión. Amor a primera vista. Verdad.

Viajar a Cuba: entrada del barrio chino
El «barrio chino» de Cuba es el único barrio chino del mundo que no tiene ni un chino en sus calles

Desde el minuto uno ya lo sentimos. La Habana es una de las capitales mundiales de la resiliencia.

Pagamos por el típico tour en descapotable rosa (genial) que nos terminó por mostrar el malecón de cabo a rabo. El Hotel Nacional es un emblema. Estados Unidos lo construyó a principios del siglo XX y a Estados Unidos se le negaría la entrada después. Este hecho me alegró. De no haber sido así, el hotel se hubiera convertido en base de la mafia, farra y vicio norteamericano capitalista. Al igual que el resto de la isla.

Viajar a Cuba: raza
Exposición en la Fábrica de Arte Cubano. Es un análisis demográfico a partir del porcentaje de melanina en la piel. Pura mezcla española, africana, aborigen y un poco asiática.

Cuba tiene que estar muy orgullosa de haberle dado un portazo a Estados Unidos.

Y es al entrar a la Habana Vieja cuando lo que sentimos fueron mariposas y unicornios en el estómago. Nos arrepentimos del día que perdimos Cuba de manera instantánea. Al entrar a la Plaza Vieja quisimos llorar de emoción a ritmo del Chan Chan de Compay Segundo, que ya lo teníamos casi metido en el ADN.

La Bodeguita del Medio, la Plaza de la Catedral y la de Armas, el Capitolio, una de ropa vieja en casa de Doña Eutimia, bailar más Chan Chan en la calle, librerías por supuesto con las biografías de Fidel Castro y el Ché Guevara … vimos y probamos lo que pudimos y más.

Viajar a Cuba: cartel en el restaurante El Chanchullero
Uno de tantos mensajes que prueba que el restaurante El Chanchullero se desmarca de la tradición

Pero me quedo con el futuro de Cuba: la vanguardista Fábrica de Arte Cubano, el restaurante El Chanchullero con su íntima terraza y el libro Animal Tropical de Pedro Juan Gutiérrez. Lo compré en la Feria de Publicaciones y Curiosidades. Muy cubano y un poco subversivo.

Viñales: la tranquila y suave tierra de paisajes

Decía que me alegré al oir de la Historia del Hotel Nacional. Después no me alegraría saber del trauma post-NO de los cubanos y del hambre y la ruina del Periodo Especial con la caída de la Unión Soviética. Nos lo contó Araceli, la señora cubana de nuestra casita en la segunda parada: Viñales.

Viajar a Cuba: puesta de sol en Viñales
¿Hay mejor manera de terminar el día que viendo una puesta de sol «a la cubana» en Viñales con tu amiga del alma? No lo creo

Viñales fue un ambiente menos agitado y más natural que La Habana. Bajamos del colectivo en la calle principal de este pequeño pueblo nacido de las entrañas de un valle.

Nos encontramos con la naturaleza, con las plantaciones de tabaco, con casitas presumidas de impecables colores y cubanos sonrientes y más sosegados. Allí hicimos camino al andar valle a través, fumamos puro y bebimos ron viendo la puesta de sol, y bailamos son cubano en el Centro Cultural con nuestro guía y sus amigos. Una excursión a Cayo Jutías es algo que va más allá de lo recomendable.

Viajar a Cuba: casa cubana
El salario de un odontólogo en Cuba es de 50 euros al mes. De ahí que prefieran dejar de lado su carrera y arreglar su casa para dar la bienvenida al turismo

¿Algo más que haya que destacar? Lo que yo bauticé como el Muro de las Adicciones. El muro de enfrente de la oficina de Etecsa. Etecsa es la compañía de telecomunicaciones nacional que vende las tarjetas para conectarse a Internet. Es como una atracción turística más. Todos, incluidas nosotras a última hora de la tarde, nos pegábamos al muro para tener mejor conexión. Una pena, pero fue sólo una hora al día, una dosis mucho inferior a la europea.

Y nos topamos con la hermosa y loca Trinidad

Tercera parada: la gran Trinidad de Cuba. La Trini es una loca preciosidad. Es una ciudad de máximo tres plantas de altura, representada con casas coloniales de colores llenas de puro carácter cubano. La Trini está protegida por el Valle de los Ingenios. Podría semejarse a Viñales, pero su sonido es incomparable.

Música, mucha gente (turistas) y más ajetreo «comercial». Pasear por sus calles y rodear el interior de la Plaza Mayor ya supuso en sí una gozada. Buscamos azoteas y restaurantes con encanto que nos dejaran a las puertas de una siesta en una de las mecedoras vintage del área de café. Recorrimos estoicamente en bici los 15 kms de ida y los mismos de vuelta para disfrutar de un día en Playa Ancón.

Viajar a Cuba: Trinidad y Valle de los Ingenios
Vistas de Trinidad con el majestuso Valle de los Ingenios al fondo

Nunca, y repito nunca, me olvidaré de la calle que nos acogió allí, la calle Gutiérrez. Aquello fue (y supongo que continuará siendo) un espectáculo. Alrededor de las 6 de la mañana, y pasadas las 10 de la noche después, el señor del pan se vendía a «grito pelao». Si no, era el de las verduras.

Una vecina era alcohólica y tenía 3 hijos de tres hombres diferentes. Le regalé un vestido a la mayor, que era sordomuda y de lunes a viernes vivía en un colegio de educación especial. La madre quería que me llevara a España a Pepo, el más pequeño de los tres. Otra vecina se puso celosa porque presté atención a aquellos niños y no a los suyos. «La madre que tienen no se lo merece», la dijo la celosa a la señora de mi casa.

Viajar a Cuba: cartilla de racionamiento
Apariencia real de la «tienda» donde los cubanos canjean la cartilla de racionamiento por alimentos

Otra vecina tenía un pequeño stand en un casa con 4 lacas de uñas y unos 15 ml de acetona. Era el «salón de belleza» de la calle. Le di uno de mis pintauñas. «En otras circunstancias, esta mujer sería una empresaria de éxito», pensé.

Ahí es donde ya nos quedó claro el desajuste económico actual. Tener en las manos la cartilla de racionamiento de una vecina no fue poca broma. Aunque no les falta buena escuela y gozan de buena salud, buenos dientes y gran humor.

Viajar a Cuba: Trinidad y su gente
En Trinidad conocimos y charlamos con esta señora tan entrañable llamada Carmen Ortiz Borrell. Tal cual suena

¿Algo más que añadir? Fuimos de fiesta a La Cueva. Era una discoteca que, y no espero sorpresa por tu parte, era una cueva. Lo sorprendente es que resistiera los decibelios a más de 100 pies de profundidad. Allí incité a mi amiga a desafiar rítmicamente a un grupo de cubanas que teníamos al lado en la pista. Creo que pasamos la prueba de manera digna pero, al menos yo, salí de allí con dolor de caderas.

Remedios y Cayo de Santa María: por fin el Caribe

Escogimos el mar, el silencio y la pausa para nuestra última etapa. Rechazamos por unanimidad alojarnos en un resort con todo incluido y optamos por seguir la dinámica de reservar nuestro espacio en una casa cubana. Remedios era una localidad costera que nos permitiría dar el salto a la Cayería del Norte todos los días. La octava villa inaugurada por los españoles hace más de 500 años. Fácil, tranquilas y libres.

Disculpa. Un cayo es el nombre que reciben las microislas llanas de Cuba. De los diversos cayos que hay en la parte del Caribe, sucumbimos a Cayo de Santa María. No habríamos podido decir no a una playa caribeña de arena blanca situada en un Parque Natural.

Viajar a Cuba: Cayo de Santa María
Un frame del paraíso natural que es el Cayo de Santa María (Caribe) y yo

Remedios resultó ser un pequeño pueblo encantador. En la línea del estilo colonial, éramos tan pocos los turistas allí que los habituales de la plaza se podían permitir el lujo de reconocernos cada día cuando pasábamos por allí.

La banda de música que tocaba y cantaba en esa misma plaza nos dejó participar en una canción. Cada noche cenamos langosta. Jugamos al dominó en el Centro Cultural. «Nos vamos a mezclar: un cubano y una española. Si no queda como lucha de naciones», ese fue el jefe de la partida. Tomamos clases de son cubano, un género de baile latino con sus toques afro-cubanos.

Realmente Remedios supuso sentirnos de nuevo niñas en nuestro propio pueblo. Por ello, le damos también gracias a Cuba.

Un día nos llevo hacia el cayo un cubano joven, con un nombre realmente cubano que no logro recordar. Él fue un adolescente-balsero. Pintaba bien: entre él y más jóvenes se apañaron una balsa (los cubanos son creativos, crean desde la mismísima nada) y escogieron una playa del Cayo de Santa María para huir de Cuba. No era el punto más cercano, pero sí más seguro, del que partir hacia Miami. Unas 120 millas (unos 193 kms) si no recuerdo mal. Su aventura terminó con mucho miedo durante el camino y un final amargo en una cárcel de Bahamas. Y de vuelta a casa. Sentimos su frustración de querer arrancar, de contar con otras opciones y no poder.

Gracias vida por dejarnos viajar a Cuba

Si me preguntas por Cuba te diré 4 palabras: belleza, arte, dignidad e historia. Nuestro viaje a Cuba fue una mezcla entre placer cultural y natural e historia humana.

Viajar a Cuba: entrada hogar cubano
Detrás de cada puerta abierta en La Habana había una historia

No me creí al músico del café Lamparilla que me dijo que el arroz a la cubana se creó en Cuba. ¿Qué más da? ¿Acaso no podemos dormir sin saber si la ensaladilla rusa la propuso Stalin?

Te quería visitar con toda mi alma. Cuando regresé a casa le di gracias a la vida por haberme presentado a Cuba. Te deseo lo mejor. ¡Hasta la próxima!

 

 

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